Poetas del Novecientos

José Luis García Martín (Ed.)

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Colección Obra Fundamental. Fundación BSCH. Madrid (2001). 2 vols. 4.000 ptas.

Los lectores de poesía española llevábamos ya un tiempo esperando un libro como este, que ha de ser recreo de lectores, consulta de eruditos y, seguramente, también tesoro de bibliófilos. El propósito de esta antología es reunir algunos versos representativos de un amplio grupo de poetas nacidos entre 1890 y 1910, con la peculiaridad de que estos poetas se han visto excluidos de algunos cánones que, por didácticos, eran injustos: no debían figurar en la mayor parte de las listas sabidas de la generación del 27, ni de la del 36; no debían ser garcilasistas, ni arraigados, ni desarraigados, etc. Por variaciones del azar y de la crítica, estos poetas apenas han trascendido en los libros de texto: como siempre, unos por llegar tarde y otros por llegar demasiado pronto; unos por hacer en 1940 lo que se hacía en 1920 y otros por escribir poemas que, desde luego, sólo podían leerse en 1920.

Si bien muchos de estos autores han sido reivindicados en las últimas dos décadas, e incluso su figura o su obra vienen adornadas con cierta leyenda (así Sánchez Mazas o González Ruano, por ejemplo), todavía hoy es muy difícil encontrar ediciones de sus versos, y parte del acierto de esta antología reside en que es la primera vez que se facilitan ciertos poemas a grupos no necesariamente de especialistas.

En cierto modo, y casi sin querer, esta antología es un examen de conciencia de lo que ha sido la poesía española a lo largo del siglo XX; conviene recordar que todos los poetas incluidos aquí han tenido alguna notoriedad en su tiempo. El resultado es desigual, y no podía ser de otra manera. Mientras que algunos poemas de Foxá o de Luis Pimentel son del todo memorables, se ve con desazón que Díaz-Plaja no gusta y que José de Ciria y Escalante fue sólo un personaje agradable en nuestra literatura, no un poeta. En su mayor parte, figuran aquí modernistas a deshora y vanguardistas excesivos -creacionistas y ultraístas, algún surrealista, etc.- y, en general, muchos de esos poetas que tienen la tristeza de hacer su obra en un movimiento post.

Uno cree que la mayor parte de toda la pirotecnia verbal de los Hinojosa, del Valle, de Torre, etc. -gente que sí tiene párrafos en todos los manuales- ha quedado del todo desfasada, y se lee sólo por puro afán histórico: fue moderno en aquella época. Lo más que hacen es gracia -lo cual ya es algo, por cierto. Ahora bien, en nombres como Fernando Fortún, Bergamín, Gil-Albert o Lasso de la Vega, hay un aliento poético, bien diferente en todos ellos, que no es en modo alguno menor que el de poetas mejor conocidos. Por fortuna, algunos de estos poetas ya han sido devueltos al lauro académico y, lo que es más importante, a las librerías. En ambas cosas ha tenido gran parte José Luis García Martín, autor de la selección y del estudio preliminar. García Martín suele suscitar opiniones muy encendidas, pero en cualquier caso parece justo reconocerle su dedicación a la poesía española, materia que conoce muy bien y que difunde con grato afán.

Pedro Antonio Urbina

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