Pequeño tratado de las grandes virtudes

TÍTULO ORIGINALPetit traité de grandes vertus

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Espasa Hoy. Madrid (1996). 355 págs. 2.200 ptas.

Esta obra viene precedida por un clamoroso éxito editorial en Francia. Y, sin duda, reúne méritos que explican tal aceptación. En el prólogo, el autor señala su pretensión de dirigirse al gran público, no al filósofo profesional. Advierte que no debe buscarse en su tratado erudición ni exhaustividad. Es un libro bien escrito, que se hace eco de preocupaciones cotidianas del hombre común y que empuja hacia un horizonte de excelencia y mejora. Su éxito pone de manifiesto también la actualidad de los temas morales y, más concretamente, de la virtud, hasta no hace mucho, término tabú entre los intelectuales. Comte-Sponville despoja al término virtud de toda connotación mojigata.

La virtud de este libro sobre virtudes tal vez resida, sobre todo, en haber rehabilitado para el gran público -a diferencia del Tras la virtud de McIntyre, dirigido a filósofos-, el discurso sobre uno de los grandes temas de la ética. En este discurso rehabilitador, que ha sabido aprovechar la amplia tradición occidental al respecto, se desmenuza con multitud de observaciones y con riqueza de matizaciones la acción humana, nuestro mundo interior, nuestros criterios de valoración, las encrucijadas en las que se mueven nuestra búsqueda de lo mejor.

Este no tan pequeño tratado demuestra, al reflejar la continuidad, aunque no unanimidad, del discurso moral de los grandes pensadores, la existencia de un amplio consenso acerca del bien humano, lo que pone en cuestión el relativismo moral. Paradójicamente, Comte-Sponville participa del mencionado relativismo, lo que le lleva a mostrar un repelús considerable frente a la afirmación de la verdad, la existencia de valores absolutos y de Dios.

El presente libro muestra el atractivo que supone intentar alcanzar la excelencia, actuar conforme a aquello que nos hace verdaderamente humanos, es decir, la virtud. El autor se adentra con valentía en análisis complejos sobre los términos de la acción virtuosa. Sin embargo, se tiene la impresión de que las cuestiones espinosas se resuelven de un modo más retórico que verdadero, a falta de una antropología coherente que actúe como criterio justificativo de las respuestas.

Francisco Santamaría