Paula

Isabel Allende

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Plaza & Janés. Barcelona (1994). 365 págs. 2.650 ptas.

En diciembre de 1991, Paula, la hija mayor de la autora, de veintiocho años, casada desde hacía muy poco tiempo, cayó en coma profundo a causa de una rara enfermedad hereditaria. Durante alrededor de un año su madre permaneció junto a ella, primero en un hospital madrileño y luego en San Francisco, en la casa que Isabel Allende comparte con su segundo marido, un abogado californiano. El 6 de diciembre de 1992 Paula murió sin haber recobrado el conocimiento.

Con esta obra -mezcla de saga familiar, relato testimonial y autobiografía-, la autora trata de dar cauce y condensar el tremendo dolor que le provocó esta desgracia. También quiere situar a su hija en la trayectoria de las mujeres de su familia, para lo que se remonta a su propia abuela y continúa por su madre y por ella misma. La obra concede protagonismo colectivo a todos estos personajes, aunque la voz que narra y la mente que enjuicia sean únicamente las de Isabel Allende.

Al dirigirse a su hija para transmitirle sus recuerdos y vivencias, combina la exposición realista con las divagaciones propias de una vehemente subjetividad. Todo cuanto aquí se consigna forma un universo primordialmente femenino, detallista, sensible, ilógico muchas veces, expuesto con cierto desorden y también con evidente propósito justificativo. Isabel Allende justifica las incoherencias vitales con hábiles quiebros expresivos. Alterna así una conmovedora sinceridad con silencios que se confía en que queden atribuidos a elegante discreción o a comprensibles olvidos.

El atractivo de estas páginas radica en que la autora consigue no incurrir en excesos melodramáticos al tratar de la enfermedad de Paula, gracias a envolver este tema central en el fluir de su vida desde la infancia, evocando a sus abuelos, a su madre, al amante de ésta, a su marido chileno y a su nuevo cónyuge norteamericano. También dedica mucha atención a la política, con emocionados recuerdos a Salvador Allende, primo de su padre, cuya postura política defiende a ultranza.

Escrita con buen estilo, amena a pesar de la casi total ausencia de diálogo, y con una técnica ágil y variada, la obra despliega ante el lector un siglo de vida chilena, vista desde una perspectiva muy sugerente aunque también muy parcial, en la que la nota dominante es el vitalismo. Educada como católica, la autora se apartó pronto de la fe, de la que parece ignorar ya casi todo, sustituyéndola por un vago espiritualismo mezclado con superstición. En el plano sexual justifica las relaciones pre y extramatrimoniales como manifestaciones libres de la afectividad, vistas desde una perspectiva naturalista.

Con este bagaje, al enfrentarse a la muerte y a la posibilidad de un más allá, se refugiaen misticismos imaginativos, en fantasías iluminadas, que no revelan ninguna convicción firme. En definitiva, en la obra hay más apelaciones viscerales que poder de convicción profundo, y más desahogo personal que hondura humana.

Pilar de Cecilia

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