Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio

RBA Libros.
Barcelona (2003).
257 págs. 18 €.
Traducción: Marcelo Cohen.

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El título está tomado de un juego de adolescentes que, en el primer relato de los nueve que componen el libro, intentan averiguar cuál será su futuro con cada uno de los chicos que conocen. Pero el título acaba resultando pretencioso para adjudicárselo a un conjunto difícilmente caracterizable con letras tan mayúsculas. Casi todos los personajes de Alice Munro son esencialmente frívolos aun en medio de sus tragedias, de sus alardes intelectuales o de su sentimiento de superioridad. Lo que les une (sin salir de una soledad que confunden con independencia), es compartir una desesperación tan inconsciente que se acaba confundiendo con la normalidad. Es más, que la autora parece tomar por normalidad, a juzgar por el halo heroico (y no irónico) con que los envuelve.

La canadiense Munro ha sido en ocasiones comparada con Carver. En común tienen escribir los relatos de la América de después del sueño, de una clase media que parece tener todo por lo que ha luchado y un buen día decide tirarlo por la ventana. Entonces descubre que no había luchado tanto ni hay demasiado de lo que deshacerse. Carver supo bucear en la sordidez de estas vidas para rescatar el punto de inflexión en que los personajes comenzaban a ser conscientes de su historia, aunque sólo fuera para asumir el fracaso. En Munro, sin embargo, los protagonistas (mujeres en su mayoría) consumen sus vidas repitiendo los mismos errores mientras se encogen de hombros. Hasta que un acontecimiento precipitado les pone al principio de la cadena, y vuelta a regodearse en los pasados traumáticos, farsas matrimoniales y escapadas de fin de semana para no ver a un marido que envejece o a unos niños que no se sabe bien de dónde han salido. Al final, suspiran gratificados por el premio de la supervivencia.

Lo malo de este esquema no es sólo que el siglo XX ya ha coleccionado demasiados supervivientes parecidos, sino que además se repite en la mayoría de los nueve cuentos del libro, que, eso sí, se sostienen por la habilidad que muestra la autora para jugar con la intriga del relato, por la agilidad de los diálogos y por algunas escenas impregnadas de un realismo casi mágico; momentos que destacan con luz propia entre el laberinto de carreteras interestatales que los personajes recorren sin dirigirse a ninguna parte.

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