Obras Completas I. Novelas

Franz Kafka

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Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Madrid (1999). 1.120 págs. 5.900 ptas. Traducción: Miguel Sáenz, Juan José del Solar y Andrés Sánchez Pascual.

Cuando escuchamos aseveraciones como la de que Kafka no era kafkiano, nos estamos refiriendo a que si ha habido un autor que se ha desvirtuado por la mala traducción, la mala interpretación y el caos (no sin mérito) organizado por su albacea, ese ha sido Kafka. Franz Kafka, en realidad -y ese es uno de los motivos de esta edición crítica-, necesita ser recuperado como lo que realmente fue: un autor de tono realista, con un acusado sentido del humor (del que apenas se habla) rayano en la ironía. Coincidiendo con el 75 aniversario de su muerte se ha comenzado a publicar en España su obra completa, de la que ha aparecido el tomo primero de los tres previstos, dedicado a las novelas (aparecen El castillo, El proceso y El desaparecido, título originario de la novela América), y que se basa en la edición crítica alemana definitiva Kritische Ausgabe. Schriften, Tagebücher, Briefe (Frankfurt, 1982). Este primer volumen incluye además un extenso ensayo a cargo de Jordi Llovet, director de la edición, y los textos Franz Kafka: una biografía, de Klaus Wagenbach, y Franz Kafka, revalorado, de Hannah Arendt.

¿Qué aporta esta nueva edición? En primer lugar, la ordenación definitiva, escrupulosamente cotejada, de la obra según la distribución y la situación cronológica; y, en segundo lugar, una traducción (a cargo de Miguel Sáenz, Juan José del Solar y Andrés Sánchez Pascual) que respeta el verdadero estilo de Kafka, esto es, que mantiene la peculiar manera de puntuar del checo sin alterar el universo sintáctico del autor (tan aficionado a las frases subordinadas, coordinaciones insólitas y anacolutos), donde no se disimulan sus repeticiones léxicas que forman parte de su anti-gran-estilo libre de preciosismos y aderezos, y en la que se reproduce también su inconfundible jerga de abogacía. Todo ello a mayor gloria, a la verdadera gloria, digamos, de este checo universal que pidió, en forma testamentaria, pocos días antes de morir, que se destruyera la totalidad de su obra sin ser ni siquiera leída.

Andrés Barba