Nocturno

Palabra. Madrid (2008). 157 págs. 11,50 €.

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Absorbente novela que habla de la importancia de acoger y usar bien el talento artístico. Se abre con una noticia de periódico sobre un concierto compuesto e interpretado por un estudiante de flauta travesera, Renzo Longhi, de dieciocho años. A continuación, el mismo Renzo recuerda todo lo que le llevó hasta ese momento: sus inicios a los diez años, el descubrimiento de sus cualidades sobresalientes para la música, la participación en un concurso televisivo cuando tenía doce, los altibajos de su relación con un músico callejero áspero pero con gran talento…

La capacidad del autor para la ironía brilla en las descripciones del mundo televisivo de sonrisas de plástico, se transforma en sarcasmos hirientes en varios diálogos violentos y, sobre todo, destaca en la presentación del mundo interior de Renzo, muy bien captado, tanto en sus momentos infantiles como en su crispación posterior de adolescente resentido. También es notable lo bien que la historia comunica el atractivo y la capacidad de la música para mover el corazón. Además, aunque la escena inicial augure un final positivo, el argumento tiene la tensión que se deriva del deseo de saber cómo se alcanzará el desenlace anunciado y la de de ver cuál será la evolución de los personajes.