No me esperen en abril

Alfredo Bryce Echenique

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Anagrama. Barcelona (1995). 611 págs. 3.400 ptas.

Nacido en la capital peruana en 1939, y educado en colegios anglosajones, Bryce Echenique describe el mundo escolar y adolescente de los años cincuenta, que conoció por propia experiencia. Entre la crónica y la parodia, va dando vida a los vástagos de la alta burguesía de Lima, un círculo elitista que tiene por modelo la cultura británica y desprecia a los mestizos y a los indígenas.

La Saint Paul School es el sueño de un rico prócer que quiere educar en la mejor tradición europea a sus propios hijos y a los de sus amigos, destinados a ser la futura clase dirigente del país. Sin embargo, Perú no es el Reino Unido y el colegio es una copia patética de los modelos en que se inspira; y los alumnos, nada flemáticos, no son perfectos caballeros, sino criollos, a veces bastante vagos y alborotadores. Bajo la Cruz del Sur y en español de América, el estilo de Eton queda muy desfavorecido, aunque resulta más espontáneo y divertido.

La trama se articula en torno a los amores quinceañeros de Manongo, típico producto del Saint Paul, y Tere, hija de unos ricos propietarios de origen suizo. A través de ellos, el lector descubre el sabor de los años 50, con las canciones, los coches, los cigarrillos, los bailes, la ropa, que atraían entonces a los teenagers con una cierta posición social. Más tarde, al hilo de las convulsiones políticas sufridas por Perú en las últimas décadas, estos mismos personajes aparecen ya adultos, en posiciones sociales muy diversas.

Como balance de una época, la obra es densa e interesante. Su lenguaje, fluido y colorista, revela un peculiar sentido del humor, de acusados rasgos caricaturescos. Pero todo resulta desmesurado; demasiado detalle testimonial, demasiados guiños culturales, demasiados barroquismos y, en cambio, falta de condensación y depuración.

La intriga sentimental y el bosquejo satírico de una clase decadente no bastan para sostener un armazón sobrecargado en superficie y no muy consistente en profundidad. Bryce sabe acusar de mediocridad a aquella alta burguesía, pero sus alegatos son débiles, centrados en lo episódico más que en la raíz, como se ve en sus frecuentes ironías anticlericales y en sus alusiones eróticas.

Pilar de Cecilia

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