Mi vida en la Maleza de los Fantasmas

Siruela. Madrid (2008). 198 págs. 15,90 €. Traducción: Maribel de Juan.

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Este relato basado en cuentos populares yorubas, el segundo que publicó el nigeriano Amos Tutuola (1920-1987), es literariamente tosco pero por otros conceptos muy interesante. El narrador es un niño que, cuando los soldados invaden su poblado y su hermano mayor y él huyen, se oculta en la selva; allí debe hacer frente a los fantasmas que le acechan y sufrirá toda clase de transformaciones. La historia tiene acentos delirantes y de pesadilla: el animismo y toda su colección de muertos vivientes y espíritus con poderes mágicos no dan lugar a un mundo tranquilizador precisamente.

En el origen oral de la obra de Tutuola, como de tantas narraciones africanas, está su fuerza y su capacidad de llegar al lector, pero también su debilidad literaria, que la traductora señala en una breve nota inicial. El autor de la introducción señala el valor antropológico del libro, pero parece que desea distanciarse de interpretaciones abusivas cuando dice que los psicólogos lo encontrarán interesante, “especialmente los que siguen las enseñanzas de Jung sobre la mitología y los arquetipos del inconsciente”, que sin duda prestarán gran atención a “la morbosa fascinación por la suciedad, la sangre, las serpientes, los insectos, los olores, la fealdad, la deformidad, la desproporción y todo lo que es grotesco”, que se ven en la historia de Tutuola.

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