Maria Chapdelaine

Ediciones del Viento. A Coruña (2008). 168 págs. 16,35 €. Traducción: Alfonso Hernández Catá.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Louis Hémon es una de las principales figuras de de la literatura quebecoise. Su obra recoge los acentos y temas propios de esta zona francófona de Canadá. La misma vida del autor tiene un halo de aventura novelesca. Nacido en Brest, Francia, en 1880, trabajó como periodista en París y en Londres. En 1911 se trasladó a Canadá, y después de vivir unos meses en Montreal, se adentró en los territorios del norte, asistiendo en primera persona a la conquista de esas forestas vírgenes. Murió inesperadamente en 1931, atropellado por un tren en Ontario, varios meses antes de la publicación de este libro, del que nunca llegaría a conocer el éxito.

Con un estilo sencillo y realista, la novela narra unos pocos meses en la vida de la joven protagonista. Maria Chapdelaine es la hija de una familia de colonos canadienses, agricultores que trabajan unas tierras esforzadamente arrebatadas al bosque. La mirada del narrador sigue los pequeños avatares en la vida de esta adolescente, y a través de ellos conocemos las costumbres cotidianas de una familia de pioneros. El paso del tiempo pauta con claridad el ritmo narrativo: las distintas actividades según la hora del día, las labores agrícolas de cada época del año… Asistimos a las recolecciones primaverales, a los momentos de siembra y de cosecha, a la forzosa pausa hibernal….

Otra línea argumental se centra en los sentimientos de la joven, que debe elegir entre tres pretendientes. Son tres caracteres diferentes y, a la vez, ejemplos de tres modos de vida: un joven trampero, que sigue la llamada de la aventura; un elegante comerciante, que la acercaría a la sociedad cultivada y al mundo anglosajón; y un esforzado campesino, ligado a la tierra como su padre y hermanos.

En este sencillo argumento, no exento de sorpresas, destaca el elogio de unas gentes sencillas, que poseen una firme escala de valores: la religión católica, la familia, la tierra. Y una lengua, el francés. En la novela se intuye un conflicto con las provincias vecinas, habitadas por colonos de origen inglés, por sus diferencias lingüísticas y religiosas. También hay una cierta confrontación entre el mundo rural y la sociedad urbana, con clara preferencia del autor por los espacios abiertos.

El protagonismo de la novela lo comparten los personajes humanos y una naturaleza agreste y poderosa. Hémon consigue transmitir con vigor la inmensidad de las tierras salvajes, en unas escenas muy plásticas: el primer viaje en trineo hacia la granja, cruzando los grandiosos espacios nevados; el vibrante pasaje en el que la familia al completo lucha para desbrozar una franja de bosque cerrado y convertirla en tierra de labor; o la épica carrera para encontrar un médico en la noche. También describe con gran acierto el paso de las estaciones: de un invierno largo y cruel, a un verano breve, rebosante de agua y verdor, en el que la vida parece darse prisa para cumplir sus plazos.

Es un acierto la recuperación de este autor en nuestro país. Se hubiera agradecido una traducción más actual, puesto que algunos giros y expresiones resultan anticuados.