Maravillas

SM.

Madrid (2012).

640 págs.

19,95 €.

Traducción: Ana H. de Deza.

A partir de 13-14 años.

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Nuevo libro del autor de La invención de Hugo Cabret. Igual que allí, el autor ha sabido hallar una forma de construir un relato con el que consigue gustar a lectores reticentes, pues los tramos con imágenes que se suceden, según pautas muy cinematográficas, introducen muy rápido al lector en la historia. También deja a los lectores primerizos la satisfacción de haber sido capaces de leer un libro verdaderamente largo (aunque la verdad es que no lo es tanto pues, aparte de que son 460 las páginas con ilustraciones, en las que contienen la narración con palabras a veces solo hay dos o tres párrafos). Además, despertará el interés por la historia, pues entrelaza bien presente y pasado para señalar cómo lo que ocurre hoy tiene sus raíces en lo que sucedió ayer.

La novela tiene dos partes y dos hilos narrativos. En la primera parte, uno de los hilos se cuenta con palabras —después de unas iniciales dobles páginas consecutivas de imágenes de unos lobos cada vez más cerca—, y se sitúa en junio de 1977 en Gunflint Lake (Minnesota): su protagonista es Ben, un chico cuya madre ha fallecido, que además se queda sordo y que descubre una pista sobre quién fue su padre cuando, entre las pertenencias de su madre, tropieza con un libro titulado Maravillas, acerca de la historia de los museos y publicado por el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.

El segundo hilo se desarrolla solo con imágenes a doble página y tiene lugar en Hoboken (Nueva Jersey), en octubre de 1927: sigue las desventuras de Rose, una chica sordomuda que colecciona recortes de prensa de una actriz famosa. La segunda parte comienza cuando tanto Rose como Ben llegan al Museo de Historia Natural de Nueva York, una en busca de su madre y el otro en busca de su padre; de nuevo la parte de Ben se sigue con palabras y la de Rose con imágenes hasta que ambas confluyen. El punto final cronológico es el 13 de julio de 1977, día en el que hubo un apagón en Nueva York.

El texto está bien escrito y las imágenes, dibujos a carboncillo, son excelentes. La historia en sí misma es dickensiana tanto en los dramas personales que plantea como en las felices coincidencias que se dan. Al mismo tiempo, es un relato de los que intenta dar mucha información de todo tipo al lector: aspectos de la vida natural, el lenguaje que usan los sordos, el valor y el interés que tienen los museos, etc. La ciudad de Nueva York y el Museo tienen un gran protagonismo: en este sentido la novela es deudora, pues contiene referencias a ella en los nombres y en los escenarios, de un libro infantil norteamericano muy popular de finales de los años 60: From the Mixed-Up Files of Mrs. Basil E. Frankweiler, de E.L. Konigsburg.

Conviene advertir, por último, que Maravillas, aunque sin duda se transformará en película, hay que disfrutarlo como libro, pasando las páginas una tras otra y (me parece a mí) pasando las páginas en papel. Por supuesto, la historia se puede leer y contar de otros modos, pero ni mucho menos tendrá igual impacto emocional que conocerla tal como ha sido construida, dejándose llevar por los ritmos que marcan el narrador y los pasos de página, volviendo a veces atrás para reflexionar y para mirar los detalles, etc.

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