Mao

TÍTULO ORIGINALMao Zedong

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Mondadori. Madrid (2001). 221 págs. 9,02 €. Traducción: Cristóbal Pera.

Autor de once libros sobre la historia de China, entre los que destaca The Gate of Heavenly Peace, Jonathan Spence se pliega en Mao a los imperativos de la divulgación para ofrecer una biografía política sencilla del líder chino, sin abandonar el rigor académico. La obrita de Spence se centra, sobre todo, en los años de la preguerra civil entre comunistas y nacionalistas, para aportar pistas y claves sobre el ascenso al poder omnímodo de Mao Zedong, un autodidacta de orígenes humildes.

Según el autor, la coyuntura de un imperio en ruinas facilitó la creación del ídolo, pero Mao aportó, entre otros, dos elementos definitivos: una voluntad férrea de poder y victoria, y una sintonía con el medio rural chino que se perdió con los años, cuando el déspota de Pekín se encerró en el autismo de su propia gloria y en el inexpugnable cerco de aduladores y siervos temerosos del partido comunista.

La obra de Spence no descubre nada nuevo sobre la trayectoria política de Mao, pero constituye una buena síntesis que se lee con facilidad, al no aturdir con la habitual profusión de detalles y nombres. El historiador pasa de puntillas por la turbulenta vida moral de Mao -objeto de las últimas investigaciones-, y se limita casi a describir los golpes maestros que le permitieron convertirse en el primer hombre de una nueva dinastía imperial china.

Mao aparece, en la pluma de Spence, como un revolucionario de mente, un poeta clásico y un contable compulsivo, oficio que aprendió de su padre y que ejerció durante sus diversos proyectos de ingeniería social, en los que trataba a las masas chinas como si fueran granos de trigo para experimentos agrícolas.

La obra dedica poco espacio a los tres grandes jalones de su mandato: el Gran Salto Adelante, el movimiento de las Cien Flores y la Revolución Cultural, que concluyó con la represión y muerte de millones de chinos. Dada la asepsia de Spence al analizar la personalidad del déspota comunista chino, la figura de Mao se despide de la obra rodeada de las mismas incógnitas con que apareció, aunque quizá ese permanente desconcierto interior sea la mejor definición del fundador del comunismo chino.

Francisco de Andrés