Madama Sui

Augusto Roa Bastos

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Alfaguara. Madrid (1996). 292 págs. 1.800 ptas.

Madama Sui, joven paraguaya de ascendencia japonesa, fue una de las muchas favoritas del dictador Alfredo Strossner que se fijó en ella cuando consiguió el título de Miss Paraguay. Huérfana desde los trece años, el relato de su vida es también el de “la más larga y cruel dictadura de las que asolaron en este siglo América del Sur”.

En la novela se entremezclan el ya famoso realismo mágico de muchas novelas hispanoamericanas, aunque sin ser un elemento esencial, y la terrible realidad de la dictadura paraguaya. El cuadro es sobrío: torturas, venalidades, atraso, pobreza, corrupción… La inocencia salvaje y el amor extremadamente puro se alzan frente al mal encarnado en el poder absoluto del dictador. En este panorama se desarrolla la vida de Madama Sui, preocupada, como otra Eva Perón, por los más pobres, a los que construye una escuela, y retirada en su lujo de hetaira oficial; íntegra en lo más profundo, no queriendo “ser feliz a cualquier precio, pero menos aún a costa de la felicidad de los demás”. La novela funde supuestos testimonios auténticos de su vida y la brillante reconstrucción literaria de Roa Bastos.

El autor despliega su extraordinario dominio de la lengua y de la composición novelesca: diversos puntos de vista; constantes saltos en el tiempo; tensión sabiamente mantenida a pesar de que se conoce el final desde muy pronto; contraposición de testimonios, cartas, relatos y vivencias, pasajes ensayísticos, etc. En suma, un auténtico muestrario de técnicas novelescas que, sin embargo, no cuajan. Quizás porque, a partir de la primera mitad, el ritmo de la novela se acelera: entran y salen personajes entrañables, pero demasiado laterales; y, sobre todo, porque la pasión amorosa entre la protagonista y la encargada de pervertirla sexualmente, la ex-nazi Friné, se convierten en el único eje del relato. Tal vez también influya la inconsistencia del personaje, sólo justificable como símbolo. De no verse así, es una poco creíble santa laica, a la que una vida de sensualidad y entrega al placer apenas altera en sus convicciones. Sólo mantiene su amor por un héroe guerrillero (otro símbolo), amor juvenil con el que apenas trató dos o tres veces.

No es necesario decir que el paraguayo Roa Bastos (Asunción, 1917) es uno de los grandes nombres de la literatura hispanoamericana. Sin embargo, en esta novela, el resultado es desigual.

Al pesimismo y la desesperanza de Madama Sui (“Todos formamos parte de la enfermedad general, llamada vida”) se une paulatinamente un fuerte sensualismo que difumina la intención primera: denunciar la desigual batalla entre el Poder absoluto y el hombre, entre el Mal y la inocencia.

Pedro L. López Algora