Los que devuelve el mar

José Julio Cabanillas

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Pre-Textos. Valencia (2005). 52 págs. 10 €.

José Julio Cabanillas (Granada, 1958) permanece fiel a su mundo: ese pasado personal vinculado a un puñado de lugares -la Andalucía rural- que constituyen el paisaje de la infancia. Su poesía ensaya una escritura “a la proustiana” en la que el empeño más constante es el de recuperar un mundo ya inexistente, perdido en el tiempo: esa niñez paradisíaca ya sólo conformada por palabras e imágenes y que es posible habitar por un instante, en el poema.

La sección I se compone de quince poemas en que el lector reconocerá fácilmente su universo acostumbrado. Historias familiares y recuerdos lejanos. Se anuncian en esta sección tres constantes. La primera, la concreción plástica de la imaginación, que no duda en recurrir tanto a la toponomia más pública como a un puñado de lugares de evocación más íntima, en una suerte de estrategia para certificar el autobiografismo lírico. La segunda es la contención, la sobriedad y la hondura del verso de Cabanillas: poco amigo de fuegos de artificio ni de encadenar imágenes insólitas o heterogéneas, prefiere proponer una escena visual coherente por sugerencia de unos pocos detalles y unas coordenadas espacio-temporales claras. La tercera constante es el salto en el tiempo, que puede seguir varios procedimientos. Uno de ellos es esa interpelación al otro, al personaje del pasado; sólo que ese otro puede ser uno mismo.

En la sección II se abandona ese pasado y la mirada del poeta se instala en el presente. Además, su voz se adelgaza. La sección III nos devuelve a esa meditación sobre el tiempo y la existencia y a aquellos poemas en verso blanco, con algún soneto intercalado. Pero aquí esa meditación sobrepasa el umbral del tiempo personal y atisba una trascendencia de signo cristiano: “También yo bajaré. Y habrá un mundo que empieza. / Moriré como todos. Un crujido por dentro, / no más, un tableteo, / y los ojos abriéndose. Pues la muerte no existe”.

Gabriel Insausti

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