Los países nocturnos

Carlos Marzal

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Tusquets. Barcelona (1996). 124 págs. 1.600 ptas.

Carlos Marzal (Valencia, 1961) aparece en las últimas antologías de poesía contemporánea como uno de los autores más prometedores, a pesar de que sólo ha publicado dos libros. En todas aparece como poeta de la experiencia. Sin embargo, Los países nocturnos, su tercer libro, rompe con esa forma de entender la poesía. El poema reflexivo sustituye al narrativo (aunque haya elocuentes ejemplos); la reflexión, al sentimiento y la melancolía; el tono seco y desgarrado, al humor. Sin perder, no obstante, ninguna de sus cualidades: agudeza, sentido del ritmo, acertada presencia del lenguaje coloquial y de las frases hechas, recreaciones y homenajes explícitos a Gil de Biedma o a Faulkner.

Los países nocturnos es una apasionada reflexión sobre la vida, sobre el dolorido caminar del hombre. En cada una de las cuatro secciones del libro late el mismo tono: “el fracaso total de la existencia”, “la podrida carne de los días”, “el engranaje absurdo de este mundo”. Como un relato, van desmontando certezas y cargando las suertes del dolor, sin salida ni esperanza. Sin Dios, que aparece sólo como una referencia simplista: “si el artífice / no acertó en este mundo, para qué / pensar que iba a acertar en el siguiente”.

Con estética y tono actuales, con excesivo patetismo también, trata abiertamente temas no habituales en la actual poesía española. Marzal recrea temas clásicos; especialmente, la angustia del tiempo cobra un vigor desconocido. Es nueva también la actitud del poeta. Frente al distanciamiento o el disfraz de la ironía y el humor, el contundente: “dar un puñetazo en el estómago del lector, arruinarle el día”. El autor no engaña; concentra su reflexión, desolada y desesperanzada, en el dolor. A quien le interese, así lo ha de entender.

Pedro L. López Algora