Los nacionalismos

Montserrat Guibernau

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Ariel. Barcelona (1996). 198 págs. 1.900 ptas.

Al igual que ocurriera en las últimas décadas del pasado siglo, entre los grandes temas que centran los debates intelectuales y políticos del que ahora termina, el nacionalismo ocupa un lugar importante. Pero si entonces el nacionalismo llevó a la consolidación de los Estados-nación y a su afirmación frente a otros Estados, hoy día se presenta como un elemento centrífugo que viene a cuestionar la existencia misma de los Estados en los que las nuevas naciones no terminan de encontrar acomodo. En todo caso, no cabe duda de que es uno de los temas “estrella”, de cuyo correcto enfoque depende no sólo la resolución de problemas teóricos sino, de manera principal, el mantenimiento de la convivencia pacífica en muchos de los Estados actuales. La importancia del tema puede también constatarse por el cada vez mayor número de obras que hacen del nacionalismo el objeto de su estudio.

Montserrat Guibernau, investigadora en el Centre for Research in Ethnic Relations de la Universidad de Warwick (Gran Bretaña), analiza el tema con el instrumental que aporta la sociología. Tras constatar la ausencia de un tratamiento sistemático del nacionalismo en la teoría social clásica, la autora dedica el núcleo central del libro a examinar los problemas que presenta el nacionalismo de nuestro tiempo. Como premisas que permiten estructurar una teoría social del nacionalismo, se establecen su carácter político y su papel en la creación de identidad. Después, Guibernau aborda la distinción entre lo que denomina nacionalismo de Estado y nacionalismo en naciones sin Estado, e investiga cómo las diferencias en el acceso al poder y a los recursos afectan al desarrollo de ambos.

El libro se completa con el análisis de lo que denomina la cara oscura del nacionalismo, es decir, su uso en relación con el racismo, el fascismo y todo tipo de comportamiento violento. Otro capítulo dedicado a los Estados sin nación estudia la situación de los países del Tercer Mundo, especialmente de los africanos, y un último apartado intenta explicar el sentido de los nacionalismos en un mundo que tiende a la globalización y a la eliminación de las fronteras.

Sin desconocer la existencia de una dimensión irracional y los peligros de sus vinculaciones con regímenes autoritarios, la autora valora de manera positiva el nacionalismo, como medio de creación de identidad en un mundo corroído por la duda y la fragmentación y como un instrumento capaz de conjugar tradición con dinamismo. Quizás se echa en falta un mayor detenimiento en la cuestión, sin duda central, del nacionalismo que más directamente nos afecta, es decir, el de las naciones sin Estado. Y no deja de suscitar algunas dudas la distinción que se hace en el libro entre Estados legítimos y Estados ilegítimos, según que exista o no coincidencia entre los límites del Estado y los de la nación.

Hasta ahora, la legitimidad democrática de los Estados no se ha basado en el reconocimiento o no del derecho a la autodeterminación, sino en la soberanía popular y en las consecuencias que de la misma se derivan (sufragio universal, instituciones representativas, etc.). Es posible que esta concepción de la democracia, marcadamente individualista, deba ser revisada para responder a las exigencias nacionalistas que existen en algunos Estados modernos; pero es cuestionable que la legitimidad del Estado deba vincularse de manera incondicional a la existencia de una única nación: sería tanto como considerar ilegítimos a buena parte de los Estados democráticos de nuestro tiempo.

Ángel J. Gómez