Los lenguajes del deseo

Enrique Rojas

GÉNERO

Temas de Hoy. Madrid (2004). 366 págs. 16,95 €.

Entrar en el laberinto de la afectividad y salir con ideas bien definidas no siempre resulta fácil. La confusión desaparece de la mano de Enrique Rojas, que suele hacer comprensible lo que es complejo en la vida real. ¿Se pueden educar los deseos? En este libro, el catedrático de Psiquiatría ofrece esas pautas necesarias para integrar los deseos en una personalidad madura.

En los primeros capítulos distingue con nitidez las llamadas «cinco vertientes de la afectividad» y «los deseos con o sin amor». La aplicación posterior a la vida cotidiana alcanza unas cotas excelentes, que hacen sonreír al lector, sobre todo cuando habla sobre la «incultura sentimental», de la que resulta ilustrativo el «síndrome del mando a distancia», la adicción a las revistas del corazón o el «mundo de héroes sin mensajes», entre otros.

La experiencia profesional de Rojas nos hace entender por qué muchas personas son incapaces de expresar sus propios sentimientos (analfabetismo sentimental), o cuál es el origen de la anorexia o bulimia.

Se pueden educar los deseos siempre que exista el indispensable esfuerzo por formar la voluntad, la inteligencia o la afectividad. La voluntad se educa entrenándola día a día, aprendiendo que no se puede tener todo, y que en la vida hay una escala de valores. Respecto a la educación de los sentimientos, lo más importante es formarse en un amor que nunca es ciego, aunque sea una entrega total. Y la inteligencia también se educa mediante un aprendizaje bien orientado. Para «orientarse en el laberinto de las pasiones» es necesaria esa personalidad que va madurando en todos los aspectos.

En su análisis del erotismo, Rojas señala el error de la cultura acual de presentar el sexo como mercancía de placer, cuando se trata de algo profundamente humano, destinado a integrarse en la complementariedad de hombre y mujer. Sin embargo, no habla de la apertura a la fecundidad, como si ésta estuviera separada del sentido de la sexualidad. También algunas descripciones referidas a la industria del sexo resultan más bien superfluas, aunque se proponga desautorizarlas.

Rafael de los Ríos

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