Los inconsolables

TÍTULO ORIGINALThe Unconsoled

GÉNERO

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Anagrama. Barcelona (1997). 518 págs. 3.500 ptas.

Tras varios años de silencio, el conocido autor anglojaponés de Lo que queda del día, presenta ahora una nueva novela que, como aquélla, transcurre en un círculo estrecho. No se trata ya de una mansión rural británica, sino de una pequeña ciudad centroeuropea cuyas “fuerzas vivas” se movilizan ante la llegada de un famoso pianista, invitado a ofrecer un concierto. Desde ciudadanos prominentes a mozos de hotel, todos quieren agasajar al célebre artista, al que abruman con constantes solicitudes que lo desconciertan. Tras esta actitud admirativa en apariencia, hay un deseo egoísta de hacerle participar de los problemas que les agobian y exigirle, contra toda lógica, que ayude a quienes hasta poco antes le eran totalmente desconocidos.

La obra, cuyo argumento sigue una ordenada trayectoria lineal, recuerda, sin embargo, por su incongruente desarrollo interno, la narrativa del absurdo que estuvo tan vigente en Europa a mediados del siglo XX. Las peripecias, algo extravagantes, que el protagonista se ve obligado a vivir, dado su carácter afable y complaciente, componen una irónica caricatura del egoísmo y la incoherencia que predominan en las relaciones humanas. Es evidente que las situaciones se exageran de forma deliberada y que su rápida sucesión pretende crear una imagen de vértigo para expresar el que se produce en la mente del desorientado pianista. La acción transcurre así en un permanente sinsentido, entre personajes extraños, apenas dibujados pero que parecen sufrir de un modo tan intenso, profundo y antiguo que nadie puede brindarles consuelo.

El autor, entre el surrealismo y el humor negro, domina con firmeza técnica un proceso narrativo difícil, y su estilo permanece, elegante y sobrio en todo momento, mucho más asequible que el propio contenido. Sin embargo, exige una lectura atenta, por la morosidad expresiva de algunos personajes, muy locuaces y minuciosos, a la hora de contar sus penas. Por medio de una novela muy intelectual, Ishiguro subraya la incomunicación que existe entre los seres humanos, que hablan pero no escuchan y si lo hacen no comprenden lo que oyen. El escepticismo, la ironía y un cierto naturalismo erótico acentúan los duros perfiles del relato, interesante y elaborado pero también poco amable y árido.