Los Illuminati y el Priorato de Sión

TÍTULO ORIGINALGli Illuminati e il Priorato di Sion

GÉNERO

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Rialp. Madrid (2005). 216 págs. 13 €. Traducción: José Ramón Pérez Arangüena.

“Ángeles y demonios” y “El Código Da Vinci” son dos novelas de arrolladora difusión. Massimo Introvigne, director del Centro de Estudios de las Nuevas Religiones de Turín y con una amplia bibliografía en torno a las religiones contemporáneas y el esoterismo, reflexiona sobre el fenómeno del éxito popular de estos dos libros de Dan Brown, que contribuyen al florecimiento de esa industria de lo esotérico que llena las estanterías. ¿Por qué en nuestra sociedad triunfa la cultura de la sospecha, de todos esos supuestos desvelamientos de tramas sórdidas, que dicen apoyarse en concienzudas investigaciones? Porque es más cómodo creer que la Historia es una sucesión de conspiraciones cuyos hilos mueven unos pocos en la sombra, que analizar las complejas realidades del presente.

En el tema de la religión, y particularmente la cristiana, vende más la idea de “que nos han engañado durante siglos, y nos siguen engañando ahora”. De ahí que los libros de Brown tengan especial éxito entre aquellos que dicen creer en Cristo, que para ellos no es Dios sino un hombre extraordinario, pero no en la Iglesia, que desde sus orígenes -que suelen situar cuando Constantino pone fin a las persecuciones- se habría convertido en instrumento de poder material e ideológico. No es extraño, por tanto, que toda institución enraizada en la Iglesia se vea duramente atacada, como es el caso del Opus Dei en “El Código Da Vinci”.

Lo engañoso en las obras de Brown es que, teniendo el aspecto formal de novelas, se presenten como libros rigurosamente documentados. Esta mezcla interesada de ficción y referencias históricas acaba derrumbándose si se somete al análisis concienzudo propuesto por Introvigne. En el caso de “Ángeles y demonios”, cuyo protagonista es el grupo masónico de los Illuminati, nacido en la Baviera de finales del siglo XVIII, los delirios conspirativos de la trama nos pueden llevar con suma facilidad al mundo de los templarios, los rosacruces e incluso los extraterrestres. El rigor histórico se esfuma y sólo hay lugar para los buscadores de mitos. Por lo demás, no deja de ser un acierto que se mantenga en la traducción española la expresión Illuminati, que se ajusta plenamente a la realidad de que algunos ilustrados, que decían creer en el progreso y la razón, eran al mismo tiempo unos “iluminados”, aficionados al esoterismo y a las sociedades secretas.

“El Código Da Vinci” no deja de ser menos delirante al buscar conspiraciones seculares en el llamado Priorato de Sión, una trama con tesoro incluido en una iglesia del sur de Francia, y con grandes maestres como Leonardo o Víctor Hugo. Brown bebe de las fuentes puestas hace décadas en circulación por un aventurero llamado Pierre Plantard o por unos documentales de la BBC sobre el supuesto “enigma sagrado” de Jesús, donde no faltan las consabidas referencias al Grial o a los templarios. Todo es un cúmulo de novelerías y falsedades, pero, como nos recuerda Introvigne, hacen bien su papel: demostrar que los Illuminati y el Priorato son los conspiradores buenos, mientras que la Iglesia católica es la mala.

Antonio R. Rubio

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