Los días. Memorias de infancia y juventud

TÍTULO ORIGINALAl-Ayyam

GÉNERO

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Ediciones del Viento. La Coruña (2004). 271 págs. 19,93 €. Traducción: Emilio García Gómez.

El escritor egipcio Taha Husein (1889-1973) quedó ciego siendo niño. Se doctoró con la primera tesis que se leyó en la Universidad de El Cairo, de la que llegó a ser catedrático. Fue autor de numerosas publicaciones de toda clase y tradujo al árabe mucha literatura europea. Llegó a ser ministro de Instrucción Pública y la figura intelectual de más relieve en el mundo árabe durante los años cincuenta.

Su obra “Los días” es un “documento psicológico e histórico de primer orden”, “una de las obras maestras de la prosa árabe contemporánea”, según afirma Emilio García Gómez en un aclaratorio prólogo donde se resalta la extrema rareza de una autobiografía, y más aún de adolescencia, en la literatura árabe de cualquier tiempo. El narrador va mostrando en cortos capítulos el ambiente y los pequeños sucesos de los años de infancia en el pueblo, en la primera parte. Y, en la segunda, el traslado a El Cairo para estudiar en el Azhar, el gran seminario del islam.

Literariamente magnífica, la traducción facilita sumergirse por completo en la mente y en los ambientes donde se desarrolla la vida del protagonista. La narración podría calificarse como colorista… si no fuera porque no se mencionan nunca los colores. Las observaciones del escritor adulto añaden perspectiva y sabor a los sucesos: “Claro es que la memoria de los niños es extraña; o, mejor dicho, la memoria del hombre es extraña cuando trata de reconstruir lo que le pasó en la infancia, pues mientras unas cosas se las representa claras y lúcidas como si acabaran de ocurrir, otras, en cambio, quedan borradas por completo, como si nada hubieran tenido que ver con él”.

En los juicios hacia sus familiares hay piedad pero también claridad: “Ni la paternidad ni la maternidad libran al padre ni a la madre de mentir ni de ser frívolos e impostores”. Sus opiniones son más severas en la segunda parte, que toma la forma de un enfrentamiento frontal del joven Husein con una institución en la que abundaban las discusiones estériles, las maledicencias, y las controversias enconadas. Allí, manifiesta, estudió “ilusionado primero, desganado después, desdeñoso más tarde y, por último, ausente en espíritu, cuando llegó a desengañarse de los profesores y a tener mala opinión de los maestros”… aunque no de todos, por supuesto. Las memorias terminan en 1908, a la espera de comenzar sus estudios en la recién fundada Universidad de El Cairo, organizada según patrones occidentales.

Luis Daniel González