Le beau sexe faible. Les images du corps fémenin entre cosmétique et santé

Bruno Remaury

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Editions Grasset. París (2000). 263 págs. 129 FF.

Bruno Remaury, doctor en antropología social y profesor en el Instituto Francés de la Moda, ha escrito este documentado estudio. A pesar del afán divulgador de la colección donde se publica, Le beau sexe faible queda lejos de esos otros ensayos ligeros y llenos de tópicos a los que tan acostumbrados nos tienen algunas editoriales, o incluso autores, cuando se aproximan a los llamados “temas” de la mujer. Véanse al respecto la reciente colección de Plaza & Janés, o el tan cacareado y pretencioso libro La tercera mujer, de Lipovetski. Aquí, en cambio, estamos ante un profesor que no quiere quedar bien ni con el feminismo ni con la reacción; mucho menos se puede decir que pretende pactar con lo comercial.

Su tesis: la cultura popular actual condena a la mujer al servicio de su cuerpo y de la belleza. El discurso dominante de la llamada hipótesis de la madurez atribuye a nuestra época el logro de haber alcanzado una relación satisfactoria con el cuerpo, inédita para nuestros antepasados, y superadora, en el caso de las mujeres, de viejos tabúes, servidumbres e ignorancias. Remaury demuestra que no es así. La belleza es hoy un deber cultural. Puede decirse que antaño también lo era. Cierto, pero hoy es un deber generalizado y reforzado. En primer lugar, el canon de belleza se ha extendido a la más mínima parte del cuerpo. Se ha intensificado además notablemente este deber a través de los medios de comunicación, la omnipresente publicidad y la propia sociedad del espectáculo. Y lo que es más significativo: hoy es casi un deber moral. Dentro del marco de la literatura de autoayuda, una mujer puede siempre mejorar en lo físico: es la nueva ascética, una belleza incluso con pretensiones de espiritualidad. Las técnicas al respecto se han multiplicado, como lo demuestra el auge de la cosmética, desde el maquillaje hasta la profusión de productos de tratamiento, de cuidado. Seguir el hilo del lenguaje pseudo-científico, mágico otras veces, hasta ecologista otras, de la cosmética de hoy, junto al apoyo logístico prestado por las revistas femeninas, permite advertir la hipertrofia y desnaturalización del concepto de belleza femenina en nuestros días.

Por otro lado, Remaury destaca que la obsesión actual por la salud no ha hecho sino añadir otro flanco al encasillamiento cultural de la mujer en su físico. Al igual que en el deber moral de la belleza, atribuimos hoy al individuo una responsabilidad inédita por lo que respecta a la enfermedad, el envejecimiento y hasta la muerte. La profusión de prácticas, técnicas, medicinas, en torno a la prevención revela en el fondo una sorprendente ingenuidad, y nos ata, de nuevo, con el cuerpo con lazos más fuertes y exigentes que antaño. Pero además pervive el imaginario ya tradicional de la mujer como ser enfermizo y débil, incluso el paradigma de la mujer enfermedad, de la mujer fatal. Nótese que hoy el embarazo, por ejemplo, es considerado como una enfermedad. La hipersexualización de nuestra cultura no hace sino añadir leña al acervo tradicional de considerar a la mujer en función de su sexualidad (tota mulier in utero). Le beau sexe faible es un libro sin complejos, cuyo tono profesoral no hace sino otorgar fiabilidad a su contenido. No está escrito para complacer, sino para señalar que cabe mirar de un modo más profundo al mundo de la apariencia.

Aurora Pimentel

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