Las esquinas del aire (En busca de Ana María Martínez Sagi)

Juan Manuel de Prada

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Planeta. Barcelona (2000). 578 págs. 2.800 ptas.

En poco más de cuatro años, el joven escritor español Juan Manuel de Prada ha alcanzado un notable prestigio como novelista (Coños, Las máscaras del héroe, La Tempestad), autor de relatos (El silencio del patinador) y articulista (Reserva natural). Ahora, propone en Las esquinas del aire una “biografía detectivesca”… novelada. Una biografía de Ana María Martínez Sagi no cronológica, sino escrita al hilo del descubrimiento de los datos y documentos de esta mujer desconocida, desconocida también para el biógrafo-detective; dicho de otra manera, el natural y obligado proceso de investigación, que toda biografía lleva consigo, es convertido en acción detectivesca, de búsqueda, de descubrimiento.

Los personajes de esta acción son el autor, una joven empleada de librería y un gordo dueño de una librería de viejo. Además, tres personajes secundarios se suceden y sustituyen cronológicamente en la marcha de la investigacion. Pero el personaje principal es Ana María Martínez Sagi, alumbrada por cada nuevo dato obtenido, como surge la figura bajo los golpes de escoplo del escultor. Casi a la vez, y paralelamente, va apareciendo el que será el amor total de la Sagi: la escritora Elisabeth Mulder.

No me atrevería a decir que la vida de la Martínez Sagi tenga una especial relevancia, y menos su obra poética. Nacida en Barcelona a comienzos de siglo, supone su existencia un pequeño espejo en que se reflejan la evolución y avance de la mujer: la mujer en el deporte, la mujer profesional, la mujer independiente y sola, republicana, la mujer con decisión y acción política, liberada del hombre, y, en cierto modo, de la moral y de la religión…

El lenguaje, en esta primera parte, está muy bien trabajado; tiene a veces un aire de clásico del XVI-XVII y otras un tono coloquial actual. Al ambientarse en lugares urbanos casi míseros, el vocabulario es a menudo grueso, las descripciones se centran, principalmente, en malos olores, objetos sucios o podridos, cuerpos deformes, ropas maltrechas y sin lavar. Los personajes no están o no se muestran muy por encima de su entorno. En ocasiones, muy de cuando en cuando, una frase hermosa y brillante, una imagen de auténtica poesía. Un hallazgo artístico.

La segunda parte comienza con el encuentro con la nonagenaria Martínez Sagi, que cuenta su vida al equipo de investigación. Parece como si ella hablara horas y horas ante una grabadora, pero también parece como si les entregara un texto de unas 150 páginas. Este texto autobiográfico no tiene estilo hablado, sino de narración, muy literaria, con frecuencia lírica… Un lirismo muy femenino, arrebatado, como sin lindes, impreciso, tal vez onírico: de hecho, muchos pasajes podrían pasar por soñados y convertidos en reales por la memoria. Todo relatado como con urgencia, con una pasión angustiosa, en una soledad desesperada. En los setenta, Martínez Sagi volverá a España, y, tras un fallido intento literario de darse a conocer, se recluye en un pueblecito catalán, siempre con la alucinada presencia de Elisabeth Mulder.

Esta segunda parte del libro es especialmente hermosa desde el punto de vista literario, mucho más unitaria en su estilo, con palabras que crean una realidad de gran calidad estética. Y me parece que la larga lectura de Las esquinas del aire es muy amena, interesante y enriquecedora. Creo también que la experiencia creativa de Juan Manuel de Prada, y la estructura del libro, son un gran acierto, y la vida de Ana María Martínez Sagi es un tremendo fracaso tanto de ella como de los ideales que representa. Tanto es así que no puedo sino leer en clave irónica las páginas conclusivas en las que se dice que “el itinerario de una mujer que compendiaba todo un siglo (…) nos había hecho mejores”.

Pedro Antonio Urbina