Las cenizas de Ángela

Angela's Ashes

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Maeva. Madrid (1997). 400 págs. 2.850 ptas. Traducción: Alejandro Pareja

Con esta novela autobiográfica, Frank McCourt, profesor de literatura inglesa, se ha estrenado en el mundo de la literatura con buen pie: obtuvo el Premio Pulitzer y la novela está teniendo éxito en los países donde se ha publicado. Frank McCourt nació en Nueva York en los años 30, hijo mayor de un matrimonio de inmigrantes irlandeses. La novela es el retrato de su infancia en unas condiciones de vida miserables.

Después de la frustrada experiencia de Nueva York, donde el padre de Frank, por culpa de su desmedida afición a la bebida, no consiguió permanecer en ningún trabajo, el matrimonio se vio forzado a regresar a Limerick, ciudad de donde procedía Ángela, la madre. Allí apenas cambian las circunstancias de la familia McCourt, inmersa en un ambiente de pobreza y sordidez. Indirectamente, a través de las peripecias personales para sobrevivir, McCourt describe la Irlanda de después de la II Guerra Mundial hasta los años 50.

Lo más original del libro es el punto de vista narrativo. McCourt escribe sus recuerdos a través de la mirada del niño que fue, lo que le lleva a contar los hechos de una manera ingenua. El niño lucha sin rencores por crecer entre la miseria y la desigualdad, mientras pasa de la infancia a la adolescencia a golpe de penurias y sufrimientos. El padre, antiguo militante del IRA, se bebe el escuálido jornal o las ayudas de la beneficencia. Se engendran hijos que mueren a corta edad, con pasajes estremecedores por su verismo y sencillez. Los que viven roban hogazas de pan o recogen el carbón que se cae de los camiones como si se tratase del más preciado de los tesoros. En algunos pasajes, el autor se muestra crítico y corrosivo con la Iglesia católica, quizá por su tendencia a generalizar el censurable comportamiento de algunos eclesiásticos.

Ante este panorama, no extrañaría encontrar un tono desesperado. Pero la situación de la familia está descrita a través de los ojos del niño con un humor muy especial, otro de los rasgos más sobresalientes de un libro duro pero emotivo. Frankie escribe con cariño de su padre, un desastre, y de su madre, ejemplo de mujer abnegada, y en la novela abundan detalles íntimos y divertidos de la vida familiar y del mundo de la infancia. Con el paso de los años, Frankie quiere conseguir cualquier trabajo que le permita ahorrar para poder volver a América, viaje que realiza en las últimas páginas.

Eileen Hourihan