Las bailarinas muertas

Antonio Soler

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Anagrama. Barcelona (1996). 255 págs. 1.900 ptas.

Se sitúa esta novela, Premio Herralde 1996, en dos planos narrativos paralelos, localizados en algún momento de los años sesenta. El narrador, desde la actualidad, evoca su infancia en un barrio pobre malagueño al que todavía no ha llegado el desarrollo económico. El niño de entonces salía de su estrecho círculo soñando con las cartas que enviaba su hermano mayor desde Barcelona, donde cantaba en un cabaret del Paralelo.

Entre pequeñas miserias cotidianas del arrabal andaluz y falsos brillos de lentejuelas en el escenario de la sala de fiestas catalana, la acción transcurre dentro de un mundo de pasiones oscuras, secretos y violencia soterrada. El autor combina realismo social, en la línea de la moda de mediados de siglo, con fantasía surrealista, por medio de una técnica narrativa indirecta que elimina el diálogo y acentúa la impresión laberíntica del desarrollo argumental. La intriga, relacionada con la muerte de varias bailarinas del cabaret, no revierte en un misterio de tipo policiaco, sino en una mezcla de política y sexo con rebordes morbosos y obscenos.

Pilar de Cecilia

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