Lady L.

Romain Gary

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Ediciones del Cobre. Barcelona (2004). 208 págs. 20,30 €. Traducción: Gema Moral.

Autor de múltiples facetas -escritor, diplomático y cineasta-, Romain Gary (1914-1980) confiesa su gusto por la farsa. Creador de personajes ambiguos y de historias de doble sentido, manipula el arte de la escritura manteniendo una cómoda distancia irónica que le permite contemplar el efecto producido en su público.

Nacido en 1914 en Vilna (Lituania), se instala en Niza a los 13 años y, tras estudiar Derecho y alistarse en la aviación, llega a la “Francia libre” al fin de la guerra. El éxito de su primera novela, “Education Européenne”, coincide con su ingreso en la carrera diplomática. “Les racines du ciel” (Premio Goncourt en 1956) es un retrato de la vida en el África colonial francesa. Abandona la diplomacia en 1961.

A un libro de noticias, “Gloire à nos illustres pionniers” (1962), y una novela sarcástica, “Lady L.”. (1963), siguen extensas obras: “La Comédie américaine” (1969), “La danse de Gengis Cohn” (1967), “La tête coupable” (1968), “Charge d’âme” (1977). En “Pour Sganarelle” (1965), define, frente a las teorías de moda, su propia doctrina acerca de la novela, y en “Chien blanc” (1970) hace profesión de antirracismo. La angustia ante el paso del tiempo recorre “Au-delà de cette limite votre ticket n’est plus valable” (1975) y “Clair de femme” (1977).

Gary dirigió dos películas: “Les oiseaux vont mourir au Pérou” (1968) y “Kill” (1971). Su última novela, “Les cerfs volants “(1980), aparece poco antes de su suicidio.

Su obra póstuma “Vie et mort d’Emile Ajar” (1981) reveló que Gary había usado ese seudónimo para firmar cuatro novelas, incluida la ganadora del premio Goncourt en 1975, “La vie devant soi”. En todas ellas usa un estilo tan distinto del habitual, que nadie fue capaz de descubrirle bajo el nombre de Emile Ajar.

Toda la obra de Gary gira en torno al problema de la identidad. La protagonista de “Lady L.” es una mujer que celebra su octogésimo cumpleaños rodeada de su extensa parentela. Con residencia en Inglaterra desde hace medio siglo, su notoriedad social se extiende hasta el palacio de Buckingham. El único elemento turbador del festejo familiar será la noticia de la posible pérdida de un pabellón -a causa de la construcción de una autopista- que Lady L. aprecia de modo particular. Esto desencadena una larga conversación en la que Lady L. revelará que el pabellón contiene el secreto de su vida.

Con ironía, Romain Gary desarrolla durante toda la novela una rica descripción de infelices personajes muy distintos e incluso opuestos. De nuevo hace resurgir el tema de la identidad: aristocracia, anarquía y revolución se entremezclan esta vez en una amplia gama de personajes a través de los cuales la propia protagonista intenta hallar su identidad. El lector es llevado a través de numerosas descripciones y una intensa intriga hacia un inesperado final. La coherencia del desenlace viene avalada por la suma de actitudes en las que el fin justifica los medios y por las que los principales personajes logran sus objetivos a cualquier precio.

Inés Gil-Casares

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