La variante Lüneburg

Paolo Maurensig

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Tusquets. Barcelona (1995). 209 págs. 1.900 ptas.

Desde su publicación en Italia hace dos años, esta novela -la primera de su autor- ha recibido una notable acogida, que la ha situado en los primeros puestos de las listas de libros más vendidos. En ella, Paolo Maurensig (Italia, 1949), viajante de comercio, gran aficionado al ajedrez y lector empedernido, demuestra su dominio del género de intriga psicológica y una gama de recursos narrativos bastante amplia.

Comienza la trama con una muerte sangrienta, pero narrada sin sobresalto, con un ligero matiz lógico, como si fuera algo inexorable. Dieter Frisch, un anciano empresario alemán, amanece muerto en el jardín que rodea su mansión vienesa. Ningún indicio permite suponer una causa que explique su muerte: no tiene deudas, carece de enemigos, su negocio es próspero… El enigma está en un juego, el ajedrez, del que Frisch posee el grado de maestro.

El narrador de la historia cobra protagonismo desde el comienzo. Parece conocer al muerto tanto como a sí mismo. Con sorprendente certeza, reconstruye la última noche del anciano, y el jeroglífico de esa muerte comienza a desvelarse. Poco a poco, un ambiente de misterio se adueña de la narración, para introducir al lector en un laberinto de extraños personajes y de situaciones insólitas en las que están siempre presentes el tablero de ajedrez y la curiosa variante Lüneburg, una arriesgada defensa de las piezas negras que finalmente les da la victoria. En esas referencias ajedrecísticas, envueltas siempre en un halo mitológico, se encierra la clave de la trama, “un sueño infame del pasado” que une las vidas del narrador -convertido ya en protagonista- y del desaparecido Dieter Frisch.

Maurensig acierta en el diseño argumental de la historia; inicia la novela por el final y oscurece aún más las enigmáticas situaciones externas introduciendo al lector en el intrincado universo mental de los personajes. El ajedrez adquiere progresivamente un sentido diferente, dramático, convirtiéndose en una lucha titánica, a vida o muerte, más allá del mero juego.

Es elogiable la unidad de la novela. El texto está muy cuidado estilísticamente, y la trama policiaca se enriquece con reflexiones, más o menos profundas aunque algo pesimistas, sobre diversos temas de cierto calado, como las raíces del proceso de deshumanización de ciertas personas o las relaciones entre el sufrimiento y la creación artística. No es necesario conocer el ajedrez para engancharse a la novela, aunque ayuda a disfrutarla.

Pablo de Santiago

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