La última lección

Grijalbo. Barcelona (2008). 240 págs. 15,90 . Traducción: Cruz Rodríguez Juiz.

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Randy Pausch (1960-2008) fue profesor de Ciencias Informáticas en la Universidad norteamericana de Carnegie Mellon. Como una actividad de la Universidad, suelen invitar a un profesor a que imparta una conferencia sobre qué es lo que más les importa en la vida.

Cuando invitaron a Randy Pausch a dictar esa conferencia, nadie sabía que al profesor le quedaban pocos meses de vida: le habían detectado un cáncer de páncreas incurable. Randy dio la conferencia, la grabó en vídeo y poco a poco se ha convertido en todo un fenómeno en Internet. Incluso este libro puede adquirirse con la grabación de la conferencia. Visto el éxito, Pausch, con la ayuda del periodista Jeffrey Zaslow, convirtió todo ese material y otras reflexiones similares en un libro muy leído en todo el mundo.

La obra pertenece al género de la literatura de autoayuda. En este sentido, para lo bueno y para lo malo, La última lección contiene los habituales ingredientes de este tipo de libros. Por un lado, abundan las anécdotas personales que encierran una redonda moraleja vital con un tono rebosante de optimismo, a veces un tanto espumoso; por otro, la dura situación personal que padece el autor añade al libro un plus de emoción y de dramatismo. Pausch, con gran sentido común, habla del ejemplo de sus padres, de su matrimonio, de su experiencia docente, del trabajo, del agradecimiento y la lealtad… Enfoca la convivencia con un tono positivo, nada lacrimógeno, con mucho sentido del humor.

En La última lección apenas se menciona la religión. Pero Pausch, protestante, lo hace de manera deliberada: “A mí me criaron unos padres que consideraban la fe algo muy personal. No saqué a relucir mi religión en mi última conferencia porque quería hablar de principios universales aplicables a cualquier fe, compartir cosas que había aprendido relacionándome con la gente”.

Más que hablar sobre cómo morir, Pausch habla de cómo vivir. Y tiene como destinatarios especiales de estos comentarios a sus tres hijos; para Pausch, este libro es su testamento vital.

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