La torre inclinada

TÍTULO ORIGINALThe Leaning Tower and Other Stories

GÉNERO

Destino. Barcelona (1994). 288 págs. 2.200 ptas.

Katherine Ann Porter, nacida en Tejas en 1890, llevó una vida bastante variada, de viajes por Europa y luchas a favor de los marginados sociales, y publicó varias colecciones de relatos y una novela. Esta última, Ship of Fools (La nave de los locos), le dio la fama en 1966, bastante tardía, al obtener el Premio Pulitzer y, después, convertirse en el guión de una película de éxito.

A pesar del reconocimiento que supone el Pulitzer, conseguido casi al final de su larga vida (murió en 1980), su nombre aparece en las historias de la literatura norteamericana en la lista de autores secundarios y apenas merece una breve reseña crítica. Es posible que esto se deba tanto a lo reducido de su producción como al hecho de estar compuesta mayoritariamente por narraciones breves, género que por lo general recibe, injustamente, una consideración inferior a la novela.

Sin embargo, sus cuentos, protagonizados siempre por norteamericanos, tienen dos grandes aciertos básicos: son inteligentes y amenos. No hay en ellos grandes problemáticas existenciales ni abismales profundidades psicológicas, pero poseen el acierto de transformar en buena literatura las realidades cotidianas de seres humanos corrientes.

La torre inclinada, compuesta por títulos fechados entre 1930 y 1944, comienza con El viejo orden, deliciosa historia de una gran familia reunida en la hacienda familiar gobernada por la anciana abuela, en un ambiente de verano sureño, con criados negros, grandes espacios abiertos y niños felices. A través de diversas escenas se reconstruye la vida de tres generaciones que experimentaron la transformación de todo un mundo rural y esclavista en una nueva sociedad, y que supieron sobrevivir a ella unidos por el afecto.

El segundo cuento, El tobogán de la sabiduría, también incorpora una relación abuela-nieto a la acción, pero en este caso se desarrolla en un clima menos feliz, por disensiones familiares graves que el niño sufre sin comprenderlas bien. En todo caso, el fondo dramático del argumento está expresado por detalles muy sutiles y significativos, cuya delicadeza poética impide el exceso de amargura, aun sin ocultar la triste realidad de la infelicidad infantil.

El trabajo de un día, sobre la vida de un matrimonio obrero, ya mayor, que malvive en los años de la Depresión, y Vacaciones, sobre una familia campesina de origen alemán, tienen un tono marcadamente social en su tratamiento costumbrista, y su lenguaje es más sobrio y menos matizado.

El último, que da nombre al conjunto, transcurre en Berlín a finales de 1931 y traza un cuadro muy perspicaz y completo de la situación de miseria y desolación que vivió Alemania después de la primera guerra mundial, caldo de cultivo del nazismo. Muy interesante y bien escrito, quizá sea el mejor y más perdurable de los cinco cuentos que integran el volumen, tanto por su viveza descriptiva como por el tema elegido y la agudeza con que está tratado.

El conjunto, dentro de una evidente variedad, resulta armonioso en cuanto a la técnica y al estilo, de corte clásico y elegante, y en cuanto al modo en que se resumen y condensan las pequeñas y grandes alegrías y los sufrimientos que componen el entramado de cualquier existencia humana. El desgaste de ánimo producido por el paso de los años, y la pérdida del vigor y de la ilusión de la juventud están reflejados en términos de una suave melancolía o de una ruda ternura, según las circunstancias. Ambas logran amortiguar las aristas menos amables de una realidad que la autora no oculta, pero de la que tampoco exagera los peores rasgos.

Pilar de Cecilia

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