La tijera

TÍTULO ORIGINALDie Schere

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Tusquets. Barcelona (1993). 254 págs. 1.900 ptas. Edición original: Ernst Klett Verlag, Stuttgart (1990).

La tijera, posiblemente el último libro que escribirá Jünger, que cumple en estos días 98 años, se presenta como una colección de reflexiones o de aforismos, muy nietzscheanos en la forma y alguna que otra vez en el fondo. Porque de lo que se trata en el libro es nada menos que de una teodicea, la antigua palabra inventada por Leibniz, la justificación racional de la existencia de Dios. Y esto por obra de un agnóstico, al menos en los resultados, aunque quizá no en la intención.

Jünger no sólo es el decano de los escritores europeos, sino que es probablemente el autor en activo más anciano del mundo. Su estilo de siempre, su formación y esa ancianidad lúcida dan profundidad a sus reflexiones. En algunos casos pueden parecer peregrinas o, sencillamente, resultado de una cultura determinada; pero no se puede negar nunca su penetración.

Escribe al estilo de los antiguos profetas y en pocas palabras consigue dar solución a objeciones que muchos pueden haber pensado insalvables. He aquí un caso: “La teoría de Darwin no plantea ningún problema teológico. (…) La evolución transcurre en el tiempo; la creación, por el contrario, es su presupuesto. Por tanto, si se crea un mundo, con él se proporciona también la evolución; se extiende la alfombra y ésta echa a rodar con sus dibujos”.

Hay en el libro de Jünger atisbos de una sabiduría que da el no dejarse llevar por los tópicos corrientes, el ser de verdad independiente de criterio. Pero La tijera es un libro difícil, apto sólo para quienes son capaces de entretenerse con temas aparentemente inútiles. A sus 95 años, cuando escribió el libro, Jünger no estaba para componer la figura. Da rienda suelta a su gusto por el esoterismo, por una visión sapiencial de la poesía, por una cierta nostalgia de la trascendencia.

El libro termina con esta inquietante sentencia: “Hipócrates definió la muerte como ‘el momento en que el alma abandona la morada del cuerpo’. Inmediatamente antes e inmediatamente después de ese momento se producirán muchísimos acontecimientos inquietantes”.

Rafael Gómez Pérez