La riqueza oculta de las naciones. Investigación sobre los paraísos fiscales

Pasado y Presente.
Barcelona (2014).
150 págs.
19 €.
Traducción: Rosa Bertrán Alcázar.

TÍTULO ORIGINALLa richesse cachée des Nations. Enquête sur les paradis fiscaux

La existencia de paraísos fiscales siempre ha escandalizado a la opinión pública, pero resulta más hiriente hoy, con sociedades atrapadas en el estancamiento, el paro y la corrupción. Gabriel Zucman lleva algunos años investigando para descubrir cómo funciona la evasión de impuestos y ha hecho un enorme esfuerzo por ofrecer datos sobre la riqueza distraída al fisco y por cuantificar el daño que produce a las arcas públicas. A la baja, se calcula que el 8% del patrimonio familiar mundial está depositado en paraísos fiscales. cerca de 5,8 billones de euros. El perjuicio a las haciendas públicas por la parte de esa riqueza que no se declara debe de estar en torno a los 130.000 millones de euros.

Pese a lo que pudiera parecer, la evasión fiscal es, como explica Zucman, un asunto bien sencillo. La posibilidad de fraude viene facilitada por el secreto bancario, así como por los entramados societarios y la inmaterialidad de los activos. Se requiere solo crear opacidad y distancia, para que no se sepa quién es el titular y beneficiario real. No hay muchos indicios de que la situación actual –según el autor, inmejorable para los defraudadores– cambie a corto plazo: tanto la reciente ley norteamericana sobre los capitales en el extranjero –la FACTA– como la directiva de ahorros europea (2005), aunque intentan dificultar el fraude fiscal, tienen debilidades importantes. Y no hay que olvidar que la inventiva financiera ha demostrado ser más rápida e ingeniosa que las regulaciones jurídicas existentes.

Pero Zucman ha diseñado un plan realista para cazar a los defraudadores, basado en tres puntos. Lo más necesario, a su juicio, es terminar con el secreto bancario, que es la clave de los paraísos fiscales, y acordar el intercambio automático de información financiera entre los gobiernos. Es tan importante este aspecto que Zucman propone duras sanciones –el embargo comercial, por ejemplo– para los países reticentes a dar información. Además, un registro nominativo y mundial de títulos financieros –gestionado por el FMI– haría posible identificar a los defraudadores. A todo ello se ha de sumar un impuesto global sobre el patrimonio financiero y las fortunas.

La riqueza oculta de las naciones puede leerse, según indica el prólogo, como un epílogo a El capital en el siglo XXI, el famoso libro de Thomas Piketty, con quien Zucman ha colaborado. Ambos trabajos se enmarcan en el estudio de la desigualdad económica e intentan ser objetivos en sus apreciaciones. Pero la perspectiva desde la que argumentan es declaradamente anticapitalista; en el caso de Zucman, hay una sospecha generalizada sobre todo lo financiero. Se denuncia y acosa a los defraudadores, pero se estigmatiza de paso al capitalismo en general. Y el tono predominante no es económico, sino político, fuertemente ideologizado.

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