La plenitud de la señorita Brodie

TÍTULO ORIGINALThe Prime of Miss Jean Brodie

GÉNERO

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Pre-Textos. Valencia (2006). 173 págs. 17 €. Traducción: Silvia Barbero.

El reciente fallecimiento de Muriel Spark (1918-2006), una de las más escritoras británicas más importantes de su generación, es la ocasión para que se publique por fin en castellano su novela más popular, que también creció por haber sido, en su momento, una obra de teatro y una película de gran éxito.

Años treinta, un colegio de chicas en Edimburgo. La profesora Jean Brodie sigue con particular dedicación a ciertas alumnas y tiene unos criterios propios: no le interesan las ciencias pero sí el arte, acentúa mucho la importancia del saber estar; de modo incidental también sigue con admiración el auge de los fascismos. La dirección del colegio no ve con buenos ojos su trabajo e intenta expulsarla, pero no encuentra un pretexto suficiente. La historia se cuenta en tercera persona pero el foco está en cómo van viendo las cosas sus alumnas, una especialmente.

Es notable la capacidad de Muriel Spark para presentar un cuadro de costumbres con brillantez y concisión, y para plantear con naturalidad grandes cuestiones, como hará también en sus novelas posteriores. “La plenitud de la señorita Brodie” está bien escrita, es divertida e inteligente a la vez, los nombres están escogidos con sutileza; y, sobre todo, está extraordinariamente bien construida: con rapidez y claridad la historia va y viene adelante y atrás, se aviva la curiosidad del lector abriendo nuevas líneas de interés, se dibujan las personalidades en formación de las chicas…

Hay en la historia resonancias autobiográficas: desde los cinco años la autora asistió a una escuela de Edimburgo semejante en la que también tuvo una profesora con métodos educativos poco comunes. Su relato tiene carácter de novela colegial pero apunta más lejos: hace ver cómo los deseos de modelar a las alumnas según la propia visión de la señorita Brodie, sus deseos de ser como la Providencia para sus chicas, acaban demostrándose destructivos. Por otra parte, su talante manipulador y posesivo, un tanto iluminado, refleja bien el modo de actuar de los que se ven a sí mismos como salvadores de quienes están a su cargo. También está bien apuntado de qué modo tan diferente se deja sentir la influencia de sus enseñanzas a lo largo de la vida de quienes fueron sus alumnas.

Luis Daniel González