La nueva poesía (1975-1992)

Poesía española.

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Edición de Miguel García-PosadaCrítica. Barcelona (1996). 285 págs. 1.700 ptas.

Las ediciones de poesía son muy limitadas y sus lectores muy escasos. Quien se interese por la poesía ha de acudir a las antologías que se publican. Aparte de otras de menor calado, en el último año merecen destacarse, además de ésta, dos que subrayaban enfoques contrapuestos.

Selección Nacional. Última poesía española (Antología de José Luis García Martín, Libros del Pexe, Gijón, 1995, 280 págs., 2.750 ptas.) apostaba por los más jóvenes poetas de la denominada “poesía de la experiencia”, la corriente que cuenta con mayor influencia y que toscamente puede entenderse como la poesía que “cuenta simplemente lo que al poeta le pasa en la calle”. También apareció La prueba del nueve (Cátedra, Madrid, 1994, 136 págs., 1.100 ptas.), antología que reunía a jóvenes poetas que afrontaban su tarea desde otros presupuestos: surrealismo, hermetismo, despreocupación por el lector, alteraciones de la sintaxis, rechazo de la lógica, etc.

Con estos recientes antecedentes, surge la antología del profesor y crítico Miguel García-Posada. Su acotación temporal pretende ordenar el actual panorama poético y hacer historia. Señala el punto de partida, 1974, como un momento en el que la poesía española estaba dominada por un profundo esteticismo. Y el de llegada, 1992, como el triunfo de la reflexión existencial, moral y civil.

Su breve prólogo ofrece un panorama completo del momento actual de la poesía española. Reconoce que el cambio de gusto de la poesía no fue una ruptura inmediata, sino que estaba ya anunciada en algunos poetas de la generación del 60, especialmente en Claudio Rodríguez, Caballero Bonald, Gil de Biedma o Francisco Brines. Y señala los factores que unifican la poesía última: una actitud desmitificadora del lenguaje y de la tradición, y una visión del mundo temporalizadora. En consecuencia, será una poesía urbana, narrativa, desencantada, de gran rigor formal y gusto métrico, realista. Además, admira la ironía de Manuel Machado (en oposición al antes venerado Antonio), de los poetas del 27 (especialmente Luis Cernuda), de la generación del 50; de Borges por encima de todos, y de los simbolistas menores.

A continuación ofrece una selección de veinticuatro poetas, precedido cada uno de ellos de unas notas introductorias que son unas orientadoras guías de lectura. ¿Qué encontrará el lector? Disfrutará con Miguel D’Ors, de los pocos que encuentran trascendente lo cotidiano; el humor de Luis Alberto de Cuenca o Jon Juaristi; la capacidad descriptiva de Abelardo Linares, Andrés Trapiello o Juan Miguel Bonet; el tono épico de Martínez Mesanza; el toque surrealista de Blanca Andreu; el carpe diem de Felipe Benítez Reyes, reciente ganador del Premio de la Crítica; el desgarrado coloquialismo de Roger Wolfe; el lenguaje sugerente de Justo Navarro, o la frescura de Almudena Guzmán. No obstante, fácilmente observará esos rasgos en casi todos. También encontrará tonos más pasionales (muy encendidos en el caso de alguna poetisa) y crudamente existencialistas en otros casos, que no empañan el conjunto de esta antología.

Pedro L. López Algora