La nueva Grub Street

Alba. Barcelona (2007). 556 págs. 30,72 €. Traducción: Miguel Temprano García.

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Gissing es un escritor británico del XIX, no sólo por las fechas de su nacimiento y muerte (1857-1903), sino porque se atiene a los cánones entonces prescritos. Prescritos por los editores, atentos a los gustos del público, a su parecer: una novela larga (y esta lo es: 556 páginas), dividida en 2 ó 3 partes (“se publicó por primera vez en tres volúmenes en 1891” -dice la nota al texto-), y con mucho argumento y, por tanto, muchos personajes, y La nueva Grub Street los tiene.

Grub Street era una calle londinense en la que tradicionalmente, desde el siglo XVIII, vivían en ella los bohemios. Esta novela recrea el pequeño mundo de los escritores de libros de creación, artículos críticos, y revistas literarias… Pequeño no porque ese mundo lo fuera, sino porque necesariamente a Gissing en su novela, aun larga, no le cabe tratar más que a unos pocos personajes, con sus afanes, su trabajo, sus logros y fracasos. Personajes de una pieza, en general muy bien trazados; con unos diálogos vivos y muy reales.

Cabe entender que George Gissing tardara en tener éxito de público: aun siendo esta una buena novela, y además entretenida, se advierte un no sé qué de demasiado sólido, una presentación de los hechos e individuos casi testimonial, más de testigo que de poeta. Tampoco hay lugar para la lírica.

Su primera publicación es de 1880 y La Nueva Grub Street es de 1891, habiendo publicado una novela por año, que hasta su muerte sumarán veinticinco, más otra inacabada. El oficio y la profesionalidad adquiridos van disminuyendo estos que se intuyen defectos de casi pesadez, y llega el autor a La nueva Grub Street con éxito literario y, por lo que se sabe, también de público. En español está además publicada Mujeres sin pareja (1893), también en Alba.

En este ambiente de los escritores de Grub Street presenta de modo fundamental tres historias, cuyos protagonistas, desde el principio tienen alguna relación pero que, poco a poco, el autor, tirando con maestría de los hilos de los sucesos, lleva a un directo encuentro: amistad, intereses, noviazgo, matrimonio… Y, como a una ramita a la que se le van quitando las hojas, así el autor va luego haciendo desaparecer del argumento a casi todos sus actores. Hasta que se llega a un final tal vez previsible, pero no por eso menos fuerte y eficaz.

Aunque haya una natural honradez moral -hasta cierto punto-, en algunos personajes, en ninguno hay ni una brizna de religiosidad. Y prima sobre todo el orgullo y la vanidad, el afán de triunfo, de poder, de dinero…, el egoísmo. Ni siquiera se presenta con fuerza el amor humano, y apenas la espontánea sensualidad: todo lo invade un frío interés calculado. Este fondo oscuro también coopera a la pesada solidez a la que hice referencia. No hay poesía ni lírica y, con ello, sugerencia, no hay nada de ese modo tan propio de un Henry James… E incluso, aun tratándose de un ámbito de intelectuales y de artistas, Gissing no se interesa por ningún tema cultural ni de arte o de belleza: de nuevo, todo es egoísta lucha por el poder y el triunfo hasta la extenuación o la muerte. Son arrinconados los más débiles, los que parecen algo más humanos y nobles. Es también La nueva Grub Street en buena parte un testimonio social, un documento de datos históricos y de costumbres valiosos.

Coopera en grandísima medida la muy buena traducción -como es habitual en Miguel Temprano- a hacer la lectura agradable y fluida, a pesar de la dureza del relato humano.

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