Desde que publicó La era del vacío (1983), Gilles Lipovetsky ha pasado a ser una suerte de detective, capaz de descubrir en los artefactos y realidades más insospechadas las huellas de la posmodernidad. Oquedad, individualismo e imposturas consumistas son rasgos de nuestro presente, a los que hay agregar un expresivismo paradójico: nunca hemos estado tan obsesionados con el yo y, al tiempo, hemos sido tan uniformes e indiferenciados.
Al sociólogo francés siempre le ha interesado, además, la encarnación de la posmodernidad en la moda o en el arte. Ayudado por Jean Serroy, coautor de La estetización del mundo (2015), ensayo con el que este recién publicado guarda semejanza, se lanza a estudiar el trasfondo de la querencia contemporánea por el…
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