La noche quedó atrás

Seix Barral. Barcelona (2007). 782 págs. 24 €. Traducción: Julio Bernal.

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La noche quedó atrás fue un bestseller en Estados Unidos cuando se publicó el año 1941. Después de contar brevemente su infancia, en Alemania y en distintos lugares pues su padre era marino, Jan Valtin, seudónimo de Richard Krebs (1904-1951), refiere sus peripecias desde que se afilió al Partido Comunista siendo muy joven: durante los años veinte y principios de los treinta viajó por muchos países organizando revueltas sindicales; en los años treinta, siendo ya un agitador muy conocido, fue capturado y torturado por la Gestapo; pocos años más tarde, logró convencerles de su adhesión al nazismo y abandonó la prisión convertido en agente doble; enfrentado luego a sus propios jefes comunistas, huyó y como consecuencia su mujer fue encarcelada por la Gestapo y falleció. El relato termina justo ahí, antes de que Valtin emigrara a los Estados Unidos: uno de sus hijos cuenta esa parte de su historia en un corto apéndice.

El relato está escrito de modo directo, con energía e intensidad. El hilo narrativo es claro y los episodios se cuentan sin sentimentalismo. El autor deja ver cómo, para él y para muchos, el bolchevismo era una fe que merecía cualquier sacrificio de vidas y sentimientos humanos. Indica que tuvo atisbos de que su lucha estaba desencaminada, pero lo cierto es que su distanciamiento y huida final sólo se debieron al comportamiento desleal con él de algunos jefes inmediatos.

Aunque cabe suponer que no todo es tal como se cuenta, pues no faltan los comentarios autoexculpatorios, los numerosos elogios que ha recibido este libro se deben a que muestra con claridad el funcionamiento de la maquinaria del comunismo internacional: tanto las intrigas y rivalidades continuas en su interior, como el modo implacable de agitar a las masas para poder luego rentabilizar políticamente los desórdenes. En cualquier caso es una confirmación más, casi con la fuerza de una novela de acción, del comentario de Nicolae Steinhardt en El diario de la felicidad acerca de que en todas partes el comunismo es “devoto de la trinidad: odio, sospecha, envidia”.