La lección de August

Nube de Tinta.

Barcelona (2012).

416 págs.

14,95 € (papel) / 9,99 € (digital).

Traducción: Diego de los Santos Domingo.

A partir de 12 años.


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La autora, directora de arte y diseñadora gráfica durante veinte años, ha obtenido un éxito resonante con La lección de August, una primera novela con la que desea y consigue conmover.

August Pullman, Auggie, es un chico de diez años que nació con una deformidad facial. Vive con sus padres y su hermana mayor, Via, que siempre le han ayudado y protegido. Nunca ha ido a la escuela y sus padres piensan que debe ir. La novela empieza en ese momento, en las conversaciones previas entre todos y con la primera visita de August al colegio para que lo conozca y hable con el director. El narrador de las primeras cien páginas es August, y luego toman el relevo Via, Jack y Summer –amigos de August–, Justin y Miranda –novio y amiga de Via–. El relato cuenta el difícil acostumbramiento de August y sus compañeros a la situación, el acoso a August por uno de los chicos y sus amigos, las dificultades que se presentan a Via en su nuevo instituto, los incidentes en un campamento colegial.

Buena parte del encanto de la historia está en la voz narrativa de August: natural y convincente, aunque sepamos que ningún niño se pueda expresar con tanta claridad y ser tan enormemente perspicaz, divertido e irónico por más que respire dolor y decepción en muchos momentos. Las voces de los demás narradores sirven para dar idea de lo que piensan y sienten quienes rodean a August y para conducir el argumento hacia los momentos clave de reconocimiento, por parte de August y de los demás, de que deben crecer y enfrentarse a la realidad.

Es significativo que no haya capítulos narrados por los personajes más importantes de la historia, que son el padre y la madre de August, la clave de que la casa de los Pullman sea tan acogedora y envidiable para quienes proceden de hogares rotos, como Justin y Miranda. La novela plantea con acierto la importancia del afecto y de la dedicación de unos padres que lo sacrifican todo por su hijo, igual que presenta bien el premio de una felicidad familiar basada en el olvido de uno mismo (tal vez con luces demasiado brillantes, aunque la narración habla de la tempranísima decisión de Via de no tener más niños puesto que sabe que tiene también el gen mutado que podría transmitir a sus futuros hijos).