La idea de la universidad

EUNSA.
Pamplona (2013).
232 págs. 12 €.
Traducción: Sergio Marín García.

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La idea de la universidad de Jaspers no es una apología más de la enseñanza universitaria, ni una reivindicación de la seriedad y profundidad de los estudios superiores. Es mucho más: una importante reflexión sobre la vida del espíritu que, si bien está centrada en el ámbito universitario, excede ese marco institucional. En el contexto de la reorganización de la universidad alemana tras la barbarie nazi y la II Guerra Mundial, Jaspers demandaba mayor responsabilidad de profesores y alumnos y un mayor compromiso espiritual.

El ensayo comienza con unos capítulos introductorios sobre el saber y la verdad en general, donde Jaspers recuerda que el verdadero acicate de la ciencia no ha sido nunca la utilidad, sino el deseo de conocimiento y la inquietud. Y aclara que la formación consiste en hacer que la persona madure existencialmente y no en acumular erudición especializada. Ambas cosas permiten comprender la actualidad del texto en un momento en el que se replantea el papel de los estudios universitarios.

Para el pensador alemán, las tareas de la universidad son investigar, enseñar y formar. La unidad de las tres es indisoluble. El profesor de universidad no debe transmitir conocimientos ni enseñar aptitudes, actividades muy importantes en la secundaria. Tiene que enseñar a profundizar, hacer comprender problemas, suscitar preguntas, mostrar modos de pensar y hacerlo con el ejemplo: pensando en clase. Es curioso que Jaspers opine que las disciplinas básicas deban ser impartidas por los profesores de mayor prestigio y experiencia.

La universidad es el espejo institucional de la unidad del saber y por ello los estudios tienen que estar orientados hacia la integración y no fragmentarse en disciplinas y carreras diferentes. Los centros universitarios deben ser una unidad orgánica, no un conglomerado arbitrario u ocasional. La decisión de erigir nuevas carreras y estudios debe meditarse mucho.

Es asombroso el repertorio de temas que plantea y repasa el filósofo alemán: problemas administrativos, crítica a la carga burocrática, promoción del profesorado –siempre por méritos científicos–, tipos de exámenes, estilos pedagógicos…Y más asombroso aún que sigan siendo de actualidad. En partocular, resulta interesante la defensa de la autonomía universitaria, unas páginas que los encargados de las políticas educativas no deberían dejar de leer.

Para Jaspers, la vida y el nivel académico de una universidad depende de las personas que la componen, de los profesores y no en menor grado de los estudiantes. Ambos colectivos deben guiarse por una vocación intelectual, una actitud que valora lo espiritual y se esfuerza por profundizar en la realidad de las cosas. Se compone así una suerte de aristocracia del espíritu, accesible a personas de todos los orígenes sociales, pero comprometidos con la ciencia y la verdad. Cuando la universidad deja de estar guiada por esos valores, decae, se instala en la mediocridad y deja de ser fermento para la sociedad y la cultura de su tiempo.