La hora azul

Alonso Cueto

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Anagrama. Barcelona (2005). 303 págs. 17,50 €.

El último Premio Herralde de novela ha ido a parar a un peruano de nacimiento y convicciones. En sus novelas indaga sobre la realidad social y cultural de su país. “La hora azul” continúa esta línea creativa.

Adrián Ormache, próspero abogado limeño casado y con dos hijas, descubre que su padre, al que apenas conoció, fue uno de los oficiales de un cuartel en Ayacucho durante la guerra contra los terroristas de Sendero Luminoso en los años ochenta. Allí torturaba y mandaba violar y ejecutar prisioneras. Empujado por su conciencia, Adrián inicia una serie de pesquisas con el fin de encontrar a Miriam, la única mujer a la que su padre perdonó la vida.

Adrián es el centro de la novela. Se trata de un personaje bien construido, en ocasiones con comportamientos incomprensibles, pero que quiere purificarse del vergonzoso pasado de su padre. Tanto la trama como la abundancia de personajes sirven al autor para retratar la sociedad peruana, desde las clases altas a las más pobres, para lo que utiliza con destreza giros lingüísticos de cada clase social. Las pocas páginas que hablan de la guerra y de las torturas reflejan un conflicto tremendamente violento, que se ensañó con las clases más humildes.

Sorprende la intención del proceso purificador de Adrián, pues aunque eficaz resulta destructivo -no en vano Cueto ha calificado la obra de “cuento de hadas al revés”-. Para alcanzar la ansiada purificación, Adrián pone en peligro su estable matrimonio, el amor a sus hijas y un trabajo brillante. Su particular descenso a los infiernos le ayuda a salir de su condición de hombre pagado de sí mismo.

La novela promete mucho y, sin embargo, no aporta tanto. Se queda lejos de lo que podría haber sido una gran obra al incluir episodios innecesarios que fracturan en exceso el objetivo de la investigación. En ocasiones, los diálogos son demasiado extensos.

José María Fernández Fuentes

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares