La cultura de la libertad

Unir Ediciones.

Logroño (2013).

205 págs.

GÉNERO

En un momento como el actual, con frecuencia la apología del multiculturalismo no constituye tanto una reivindicación del valor de las diversas culturas como una enmienda a la supremacía occidental o una despiadada crítica a sus pretensiones universalistas. Pero también el multiculturalismo es fruto de Occidente, cuya cultura no se presenta de forma monolítica, sino diversa y plural. Además, no puede conocerse ni reconocerse al otro sin saber de donde procedemos o, como atinadamente observa Rafael Gómez Pérez, “entenderme yo puede llevar a entender al otro”, pues el amor a lo propio no es incompatible con la apertura a otras culturas o formas de ver el mundo.

Pero conocer lo que supone la cultura occidental es una tarea que requiere orientación y eso es lo que ofrece La cultura de la libertad: mostrar lo que el autor llama “líneas de fuerza” de ese proyecto espontáneo que conforma nuestra civilización. El ensayo, sin embargo, no es un repaso histórico por los hitos del decurso occidental, sino una obra de marcado acento antropológico que advierte y muestra los rasgos válidos y perennes de occidente. A este respecto es interesante la distribución de los contenidos del libro, pues empieza primero señalando los rasgos actuales que caracterizan nuestra cultura para después reflexionar sobre sus pilares.

Las humanidades, el progreso científico-técnico, el análisis de la política y del poder, el capitalismo y sus derivados, la conformación del derecho y de los derechos humanos y el sentido de misterio… todo esto son algunos de los temas que desfilan por estas páginas. Y en todos los capítulos se ofrecen también referencias –literarias, musicales, artísticas– para que el lector pueda profundizar en el ámbito que más le interese.

El libro termina con un epílogo en el que Gómez Pérez cifra la señal propia de la cultura occidental en la apertura y la libertad, ya que, si se puede concluir la existencia de alguna coherencia o hilo conductor de la historia, es que cualquier realización cultural ha de hacerse libremente. Pero también termina con una llamada a la esperanza y a la responsabilidad de todos: con sus luces y sus sombras, a su juicio la cultura occidental mantiene hoy su vitalidad y, por tanto, su capacidad de regenerar: es un proyecto abierto; por otro lado, la cultura la cultivamos todos “con el trabajo diario de millones de personas, a golpe de honradez y de profesionalidad, de trabajo bien hecho”.

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