La bandera invisible

Libros del Asteroide. Barcelona (2010). 344 págs. 18,95 €. Traducción: Enrique Banús y José García.

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El escritor y médico Peter Bamm (1897-1975) decidió, en 1952, poner por escrito sus recuerdos de la II Guerra Mundial “en memoria de todos aquellos que entregaron su vida bajo la bandera invisible, por amor al prójimo. Sus tumbas están esparcidas por medio mundo”. Bamm había participado como voluntario en la I Guerra Mundial; al inicio de la segunda, forzado por las circunstancias políticas, decide colaborar como médico en el ejército alemán.

La perspectiva que adopta Bamm es optimista y vital. Es cierto que el contexto en el que se mueve le lleva a ver de cerca la peor cara de la guerra, la de los muertos y heridos. Pero en medio de esas circunstancias, en muchas ocasiones crueles y dramáticas, Bamm descubre generosos comportamientos de gente que hace todo lo posible por ayudar al prójimo, incluso poniendo en peligro su vida. Bamm relata con detalle el trabajo de los soldados que estaban a su servicio, el ingenio que ponían para solucionar problemas y su heroico empeño para ayudar a todo el que lo necesitara.

Bamm no oculta las masacres contra la población civil, ni el desánimo que cunde entre las tropas alemanas a medida que avanza la guerra. No ahorra críticas tampoco a los mandos, a los que, por sus erráticas decisiones, culpa de bajas innecesarias. Ante superiores que no acaban de entender el trabajo y las necesidades de los hospitales de campaña, Bamm soluciona a veces los desaguisados cambiando las órdenes, aunque eso le traiga graves problemas.

En estas memorias salen también otras cuestiones peliagudas, como si el ejército alemán regular conocía las matanzas de judíos que estaban llevando a cabo los que él llama “los otros”, las SS. Bamm reconoce que lo sabían, aunque señala las diferencias entre sus compañeros del ejército y los nazis, que utilizaban las conquistas militares para extender el exterminio. Pero el objetivo de Bamm es rendir tributo a quienes en medio de la guerra lucharon por la dignidad humana. Así, se muestra humanitario con las enfermeras y médicos rusos que cayeron prisioneros, de los que alaba su entrega y profesionalidad en unas condiciones anormales.

Y el homenaje se extiende a sus compañeros, al resto de soldados y médicos alemanes que supieron estar a la altura de las circunstancias. Con ellos, tuvo Bamm una contagiosa camaradería que, dice, es de las pocas cosas buenas que pueden encontrarse en una guerra.

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