La amistad. Un tesoro por descubrir

Palabra.

Madrid (2012).

283 págs.

14,50 € (papel) / 9,49 € (ePub).

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“Se puede vivir sin un hermano, pero no sin un amigo”, afirma un proverbio árabe. El libro nos recuerda citas como esta, para hacernos caer en la cuenta del gran bien de la amistad. Antonio Fuentes Mendiola es sacerdote, doctor en Teología y profesor de Sagrada Escritura.

La obra contiene una exposición histórica del pensamiento de diversos autores sobre este tema. Aristóteles decía: “¿Qué es un amigo? Un alma que vive en dos cuerpos”. Cicerón escribió: “Tener amigos es ir hacia la felicidad, practicando la virtud”. En las páginas de la Biblia se dice que “el amigo fiel es un apoyo seguro; quien lo encuentra ha hallado un tesoro”. Séneca se preguntaba acerca del porqué de la amistad, y respondía: “Para tener por quién poder morir”. Lo que late en estas referencias es la virtud, especialmente la lealtad, como marchamo de la verdadera amistad. También se citan autores modernos como Tagore, quien decía: “La verdadera amistad, como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”.

Otra vertiente de esta obra se refiere a cómo mejorar nuestras relaciones de amistad. Se recuerda a Rod Goldston, quien aconseja que “en tu relación con cualquier persona, pierdes mucho si no te tomas el tiempo necesario para comprenderla”. Para Fuentes Mendiola, factores como saber escuchar, el olvido de sí y la humildad son mucho más determinantes en la amistad que el ser un tipo divertido. De especial valor resulta el inspirar confianza, porque las sospechas son el veneno de la amistad.

Tomás de Aquino explicaba que en el amor de amistad se quiere al otro por sí mismo; se trata de algo esencialmente distinto del amor de concupiscencia. En las relaciones de amistad entre hombre y mujer se puede pasar, con frecuencia, a un enamoramiento. También se nos dice que “el silencio es lo que mata a muchas parejas”. Para fomentar un clima de amistad hay que comenzar en la familia: “Los hijos necesitan, antes que nada, un hogar sereno en el que encontrarse a gusto (…), ellos son felices cuando ven que sus padres se quieren y dialogan”.

En esta obra aparece unido con sólida sencillez lo humano y lo divino. Por esto, el ejemplo máximo de amistad es el que recogen los evangelios: “Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13). La amistad se expande al compartir la novedad del mensaje cristiano. Para el autor, “la amistad basada en Cristo es indestructible”. En nuestro mundo, donde acechan la soledad y la ambición, resulta enriquecedor un libro que profundiza en la grandeza de la amistad.

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