Juntos

Anagrama.

Barcelona (2012).

440 págs.

24,90 € (papel) / 18,99 € (digital).

Traducción: Marco Aurelio Galmarini.

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En esta obra, Richard Sennett pretende rescatar el significado social de la cooperación entre los individuos, debilitada por los efectos económicos, institucionales y culturales del Nuevo Capitalismo: el característico de las sociedades posindustriales.

En el capitalismo contemporáneo, el principal elemento contrario a la cooperación –dice– es la desigualdad, con la que Sennett se refiere no tanto al aumento de las diferencias internacionales, cuanto a las que se dan en el seno de una misma sociedad. Lo grave es la interiorización de esa desigualdad: la fuerza competitiva del mercado, el afán consumista han hecho, según Sennett, que incluso los niños hayan sido introducidos de una forma preocupante en la lógica del mercado.

A este respecto, el sociólogo estadounidense cree que los niños hoy dependen más de los objetos que consumen que “unos de otros”. El consumismo y la competitividad implican, en este sentido, la comparación odiosa que excita el complejo de inferioridad y en última instancia perjudica la cooperación porque establece barreras de estatus.

Para involucrar a los empleados, Sennett recomienda ritualizar las conversaciones informales y tener un momento común de descanso, en el que se favorezca el intercambio de opiniones

La falta de cooperación en el trabajo
También las relaciones de trabajo se han transformado en las sociedades capitalistas. Es este uno de los puntos en los que el análisis de Sennett se vuelve más interesante y certero.

Hace unas décadas era frecuente que el individuo desarrollara una larga carrera laboral, quizás incluso dentro de una misma empresa. Esta estabilidad favorecía la creación de lazos sociales y de amistad. En la actualidad, se prevé que los jóvenes que acceden al mercado de trabajo, después de conseguirlo a duras penas, tengan un futuro inestable: algunos cálculos realizados estiman que cambiarán de 10 a 15 veces de empleador.

El modelo de trabajo en el capitalismo actual se basa en el corto plazo y favorece la vinculación temporal y la jornada parcial. Estos fenómenos rebajan el compromiso del empleado con la empresa y hacen nacer en él resentimiento y desconfianza con la clase directiva. Su trabajo, mecanizado y anónimo, es sustituible y así lo percibe él mismo, lo que le desmotiva.

La inestabilidad del empleo rebaja el compromiso del trabajador con la empresa y favorece la desmotivación

La figura no cooperativa del consultor
A juicio de Sennett, la capacidad del nuevo entorno laboral para destruir la cooperación se ha puesto de manifiesto en la actual situación de crisis financiera, que ha desvelado la fragilidad de su modelo de trabajo: el consultor, que posee unas habilidades intercambiables y mantiene solo relaciones de carácter temporal.

Esto crea inseguridad, por ejemplo, a la hora de evaluar el trabajo de los empleados. Entre las grandes compañías financieras, era frecuente que los altos ejecutivos no permanecieran en la misma más de unos años o incluso meses, de manera que resultaba imposible de evaluar personalmente el trabajo de los subordinados cuando llegaba el momento. La vertiente subjetiva del proceso es la constitución de un yo psicológicamente no cooperativo, narcisista, ensimismado y, lo peor de todo, autocomplaciente.

Recuperar la cooperación
En la medida en que las prácticas vigentes socavan la cooperación, las sociedades pierden calidad de vida. Sennett no se preocupa de ofrecer grandes remedios; plantea medidas flexibles y propuestas que son más bien sugerencias. Cree que es importante recuperar la flexibilidad y la moderación en nuestras relaciones, evitando que la comunicación gire en torno al yo y superando con empatía nuestros raptos de egocentrismo.

Propone reforzar las formas de vinculación indirectas y mediar cooperativamente en los conflictos. Con un poco más de diplomacia pueden evitarse las discusiones bizantinas. Para involucrar a los empleados, recomienda ritualizar las conversaciones informales y tener un momento común de descanso, en el que se favorezca el intercambio de opiniones y un clima de trabajo cordial.

Asimismo, insiste en modificar los patrones que dominan las relaciones profesionales. Es importante que en las reuniones se favorezca la intervención libre de los convocados, en lugar de mantenerlas bajo un esquema presidencialista. Propone, pues, un modelo de reunión abierta, participativa.

Implicar al individuo en la comunidad
Lo que busca Sennett, en definitiva, es involucrar al sujeto moderno en proyectos que superen su perspectiva individualista y puedan empezar a conjugar el nosotros en lugar de anclarse en el yo.

Un ejemplo de la cooperación que propone Sennett, y que planea a lo largo de toda la obra, es el de las comunidades y asociaciones locales, tan frecuentes en Estados Unidos, que paliaron durante y después de la Gran Depresión las consecuencias de la pobreza en las zonas marginales de las grandes ciudades. Muchas veces estas pequeñas sociedades tuvieron inspiración religiosa. Fueron, y hoy también son, alternativas saludables a otras conductas asociales, evitaron la proliferación de estados de anomia y lograron rescatar a muchos de la delincuencia.

Si se fortaleciera este tipo de comunidades –enriquecidas con objetivos económicos, haciéndolas más abiertas y financiándolas– y se multiplicaran focos cooperativos, su ejemplo y eficacia calaría también en otros entornos, como el laboral, el económico y el político.

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