Jane Eyre

Alba Clásica (1999).
692 págs. 4.800 ptas.
Traducción: Carmen Martín Gaite.

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La obra de Charlotte Brontë (1816-1855), al igual que la de sus hermanas Emily y Anne, se encuadra dentro de la tradición romántica de exaltación del individuo frente a las imposiciones sociales. Las tres escribieron parapetadas detrás de seudónimos masculinos en plena era victoriana en la que Dickens y Thackeray eran las figuras literarias por antonomasia.

Publicada en 1847, Jane Eyre entreteje la romántica y azarosa historia de amor entre una institutriz de dieciocho años y humilde condición, y el Sr. Rochester, un acaudalado patrón que le dobla en edad y es víctima de su pasado. La institutriz era en esa época una figura deprimente, antifemenina, la única vía de acceder a la educación para las jóvenes que carecían de rentas. Jane vive una infancia de privaciones y opresión, pero en ella, bajo una apriencia inocua, brota un fuego interior. En el terreno amoroso esto se plasma en la idea del deseo y la necesidad del otro abocada a la entrega y al amor absoluto: “No tengo más remedio que seguir amándole”.

El desenlace de la historia supone el triunfo de los valores de la protagonista (como Fanny Price, de Jane Austen): fortaleza, bondad y generosidad. Antes del final feliz, la novela describe muchos episodios dramáticos, trasunto de la desventurada historia de la propia Charlotte.

El empleo de la primera persona establece una relación íntima con el lector, que es interpelado reiteradamente a lo largo de toda la obra. Se trata de un relato en un tono privado, de confidencia, basculante entre acción y conciencia y en el que concurren elementos melodramáticos y de novela gótica. Al igual que Jane Austen, Charlotte Brontë deja de lado los hechos históricos de su tiempo, centrándose en las conductas personales, la posición social, los cambios de fortuna, los valores que las actuaciones de los personajes ponen en escena y el juicio moral emitido por la autora.

“El impulso rector de todas las obras de Charlotte es el problema de la existencia de una relación deseada” (R. Williams). Entre sus pulsiones sobresale el querer aislarse para ser auténtica, junto al deseo de amar y ser amada para sentirse realizada. Magnífica esta versión de Martín Gaite, que Alba publica a la vez que Shirley (1849), la penúltima de las obras de esta autora.

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