“La foto de los chicos que hay en el recibidor es la misma que se ha usado para la lápida”. Padre y Madre, así se les llama en la novela, han perdido a dos hijos adolescentes en un accidente de tráfico en el que no están claras las circunstancias, aunque quizás esto sea lo de menos en la trama de una novela que se centra en el dolor que deben asimilar los dos protagonistas por esa trágica ausencia. Se trata de una historia sobre la memoria, la pérdida y el luto.
Lo más original y determinante es la manera en que se cuentan estas cosas. El autor, Michele Ruol, nacido en Chicago en 1986 y residente en Italia, escribió esta novela durante la pandemia del covid-19. Para describir los efectos de este golpe en la vida de los padres, recurre a noventa y nueve objetos que están desperdigados por la casa familiar y que le dan pie para incluir, de manera inconexa, recuerdos que reviven momentos familiares, muchos de ellos aparentemente intrascendentes.
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En breves capítulos vamos conociendo a través de estos objetos algunos aspectos del carácter de los dos hermanos, llamados en la novela Mayor y Menor, y pequeñas circunstancias que tienen que ver con sus amistades, noviazgos, estudios, aficiones, etc. De manera deliberada, igual que los protagonistas no tienen nombres, lo que aumenta su simbolismo, tampoco se mencionan lugares concretos como escenarios de la acción, lo que da al argumento una dimensión más universal.
El accidente transforma radicalmente las vidas de Padre y Madre, y los dos necesitarán ayuda psicológica, a pesar de que Padre intenta continuar con el habitual ritmo de su vida, entregado a su trabajo como arquitecto. La relación entre ellos se resiente. La novela avanza y retrocede cronológicamente mostrando el espinoso día a día de unas vidas condenadas a la nostalgia. En sus reacciones, los sentimientos religiosos no aparecen por ningún lado y solo se menciona que Madre “siempre fue bastante practicante y poco creyente”.
Resulta muy original la fórmula narrativa elegida, que provoca un mayor impacto emotivo y hace que la novela esquive la caída en el tópico sentimental. Sin presentar una salida a unas vidas rotas, el inevitable paso del tiempo es el único recurso para que Padre y Madre puedan recuperar un mínimo de estabilidad emocional.