Inutilidad

TÍTULO ORIGINALFutility

GÉNERO

Siruela. Madrid (2006). 209 págs. 20 €. Traducción: Menchu Gutiérrez.

La novela empieza antes de la primera página. Edith Wharton nos cuenta en su prefacio cómo devoró «divertida, emocionada, absorta» el libro de William Gerhardie durante un viaje en tren. No sabemos si antes o después de esta lectura, Wharton invitó al joven ruso a su residencia de Hyères, conmovida por una carta que éste le había enviado. Tras un par de días de tímida y silenciosa observación, durante el transcurso de una cena, Gerhardie se arma de valor para preguntar a su vecina de mesa por la anfitriona: «Soy yo, caballero», recibió por respuesta. Esta anécdota nos sitúa mejor a Gerhardie que cualquier frío apunte biográfico. Sólo una curiosidad: nació en San Petersburgo en 1895, donde estaban instalados sus padres, unos ricos industriales ingleses.

«Inutilidad» fue publicada en 1922 con gran aceptación. El éxito se entiende, aún hoy en día, por su vitalidad contagiosa, por su ausencia de estereotipos narrativos, por su natural comicidad a la hora de contar, en la convicción absoluta de que la vida es una comedia, aunque el telón de fondo sea la trágica Revolución Rusa. Gerhardie entra en esa órbita de los grandes escritores rusos que reflejan con precisión y humanidad el alma de los suyos. El aire de su tiempo, los únicos años quizá verdaderamente vanguardistas, le permite caminar con descaro por esa tierra de nadie que queda entre lo trágico y lo cómico. Gerhardie viene a decir que de la vida, merece la pena vivirse el barullo de los momentos intrascendentes, los buenos sentimientos de la gente noble, la inocencia del amor sin cálculos y toda esa infinidad de manifestaciones inapreciables del corazón que hacen que el género humano siga en pie a pesar de las guerras y de los desastres de la razón.

La trama parece lo de menos. No hay revelaciones retrospectivas ni dramáticas conjeturas. Aquí todo se vive en presente, con la espontaneidad del momento, sin el aparente condicionamiento de un desenlace objetivo. Andrei Andreiech es un joven militar inglés amigo de la familia Bursanov. Está hechizado por los encantos de las tres hijas adolescentes de Nikolai Vasilievich, y absorbido por el frenético desfile de parientes, estafadores y donjuanes que circulan por su casa. Nikolai Vasilievich es dueño de unas minas de oro en Siberia, y supuestamente riquísimo. Cuando la revolución estalla, debe viajar para ocuparse in situ de sus negocios, atravesando la Rusia unas veces blanca y otras veces roja, con toda su comparsa de mantenidos detrás.

«Inutilidad» no es ni mucho menos una novela histórica. Está muy lejos de rigores analíticos y mucho más de sentencias políticas o filosóficas. Sus personajes vivos y cercanos reflejan unos años enloquecidos, en los que las emociones del día a día están por encima del drama histórico. Un drama que condiciona pero no abruma. Gerhardie lo cuenta casi de pasada, dejando claro que lo importante es lo que sucede en casa de los Bursanov. La guerra y la muerte no están invitadas a sus fiestas. Pero las ocasiones en las que refleja la realidad histórica son ácidas y reveladoras: «Había campesinos que no conocían la palabra ‘revolución’, y pensaban que se trataba de una mujer que había sustituido al zar. Otros querían una república con zar. Y había otros que todavía interpretaban la palabra república como ‘rezshpublicoo’, y creían que significaba ¡Cortemos al público en pedazos!».

César Suárez

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