Introducción a la metafísica

Herder. Barcelona (2006). 398 págs. 29,80 €. Traducción: Antoni Martínez Riu.
Rialp. Madrid (2006). 265 págs. 14 €.

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¿Cómo puede ser que la metafísica, la rama más importante de la filosofía, se encuentre hoy tan marginada? Heidegger señalaba al comienzo de “Ser y tiempo” que el ser había caído en el olvido, y hoy día podría suscribirse la sentencia. La mayoría de los autores contemporáneos, desde Lyotard a Habermas, pasando por Rorty, apuestan por teorías antiesencialistas, es decir, anti o postmetafísicas.

Desde que el pensamiento filosófico renunció, con Kant, al quehacer metafísico, la filosofía como disciplina y como actividad ha perdido mucho de su encanto, pero sobre todo ha dejado por el camino su rigurosidad. Como advierte Gómez Pérez, el abandono de la metafísica es consecuencia del abandono del pensar teórico a favor de la técnica y los saberes prácticos.

Estas dos obras tienen distintos formatos y finalidades, pero ambas buscan, a su manera, reivindicar la tarea filosófica por excelencia: la búsqueda desinteresada de la verdad. Jean Grondin, profesor de Filosofía en la Universidad de Montreal y experto en la hermenéutica de Gadamer, lo hace a través de un repaso novedoso e interesante por la historia de la filosofía desde una perspectiva metafísica. Con ello permite al lector no sólo situar a los pensadores dentro de una línea coherente y unitaria sino también comprender la deriva actual de la filosofía.

Lejos de haberse extinguido, Grondin cree que la pregunta por el ser -el tema clásico de la metafísica- constituye el interrogante principal del pensar filosófico. No en vano, la metafísica era la filosofía primera. Además, el autor descubre que la oposición de muchos pensadores actuales a la disciplina es, ante todo, una postura ya metafísica: se hace metafísica incluso negándola, señala.

Como historia de la filosofía, el libro de Grondin no tiene desperdicio. Resultan especialmente clarificadores los capítulos dedicados a la Edad Media, en los que se explica la contienda en torno a los universales. Asimismo, hay que alabar el esfuerzo del autor por acercar corrientes filosóficas importantes pero abstrusas: el idealismo alemán, la hermenéutica o las propuestas de Derrida.

El libro de Gómez Pérez, publicado en 1978 y que ahora se reedita expone de manera sistemática los principios de la metafísica aristotélico-tomista, aclarando sus conceptos centrales. A diferencia de Grondin, que se limita a la exposición de corrientes, las páginas de Gómez Pérez constituyen una fundamentada defensa del realismo filosófico, como la forma más coherente de aprehender la realidad de las cosas.

La metafísica, como su mismo nombre indica, va más allá de lo empírico, pero no significa que abandone el terreno de la razón. Como indica Gómez Pérez, “los temas metafísicos surgen de diversas miradas a la realidad” con el fin de entenderla. Y a partir de la comprensión de lo real es posible fundamentar una antropología, una ética y una política, coherentes con el ser y la naturaleza del hombre.

El texto de Grondin y el de Gómez Pérez son dos libros que se complementan. Quizá sea oportuno leer primero el de Gómez Pérez con el fin de aclarar conceptos que no se explican suficientemente en el de Grondin (por ejemplo, la importante distinción entre ser y sustancia, la potencia y el acto, los trascendentales, etc.).

Josemaría Carabante

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