Hacia una montaña en el Tíbet

RBA.
Barcelona (2012).
256 págs.
20 €.
Traducción: Jordi Fibla.

TÍTULO ORIGINALTo a Mountain in Tibet

GÉNERO,

“A veces los viajes comienzan mucho antes de que hayas dado el primer paso”, escribe el veterano escritor Colin Thubron (Londres, 1939), uno de los más prestigios autores de libros de viajes, con títulos tan celebrados como La sombra de la Ruta de Seda (ver Aceprensa 14-11-2007) y En el corazón perdido de Asia (ver Aceprensa 105/98), entre otros. En este nuevo libro, muy reciente, Thubron viaja hasta el Himalaya tibetano donde se levanta el monte Kailash, lugar sagrado para el budismo y el hinduismo.

El viaje se inicia en Simikot, una de las regiones más remotas del Nepal. Thubron, con la sola compañía de sus guías, recorre a pie durante su largo viaje regiones duras, inhóspitas, la mayoría asoladas por la pobreza. Tras visitar una zona de influencia india, penetra en la región del Tíbet, donde son muy evidentes las huellas de la invasión China en 1950. Desde entonces los chinos han tomado militarmente la zona y han impuesto su control ideológico, social y costumbrista.

Pero no han conseguido acabar con la profunda religiosidad que se vive allí desde hace tanto tiempo y que ha convertido al monte Kailash en lugar de peregrinación para miles de fieles que viajan, casi siempre en unas condiciones miserables, a realizar el rito que tiene como punto culminante la vuelta a la montaña, 52 interminables kilómetros. Durante la paranoia de la Revolución Cultural, los chinos persiguieron con saña cualquier atisbo de religiosidad en aquellas tierras y convirtieron en ruinas casi seis mil monasterios, reducidos solo a trece, aunque hoy día se están reconstruyendo algunos más.

El viaje al monte Kailash lleva consigo entrar en un territorio prohibido a los intrusos, pues se trata de una montaña que no ha sido nunca escalada por su carácter sagrado. Alrededor de ella, se entremezclan las leyendas y las tradiciones que proceden del hinduismo, del budismo y de la religión bon y de los jainistas. Thubron se convierte en un peregrino más, que acude con respeto a realizar los mismos recorridos que el resto de las personas, sufriendo sus mismas dificultades y compartiendo con muchos de ellos breves conversaciones con las que salpica su narración. Como en los libros anteriores del autor inglés, esta es una de las características más sobresalientes de su literatura, pues estos diálogos, nada prepotentes, permiten conocer a ras de suelo los pensamientos y la actitud ante la vida de los peregrinos.

En esta ocasión, Thubron incluye, además, algunas reflexiones y recuerdos personales, pues ha sido muy reciente el fallecimiento de su madre, quizás la causa de haber tomado la decisión de emprender este viaje. No es que Thubron se explaye mucho en sus reflexiones más íntimas, pero estas añaden variedad y algo más de profundidad al libro.

En su narración, para explicar mejor las cosas, menciona algunos relatos de viajeros anteriores, tanto indios como chinos o procedentes del mundo occidental. Todos, como él, quedaron subyugados por la grandiosidad –y el exotismo- del monte Kailash, rodeado de mitos y ritos orientales que siguen atrayendo a miles de peregrinos.

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