Grandes maestros espirituales

Ramiro A. Calle

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Martínez Roca. Madrid (2003). 284 págs. 16 €.

He aquí dos libros [Grandes maestros espirituales y El valor distinto de las religiones, de José Morales] de orientación y criterio antitéticos, pero complementarios.

Ramiro Calle, pionero de la enseñanza del yoga en España, expone la vida y la doctrina de los catalogados por él como “grandes maestros espirituales”: Zaratustra, Siddharta Gáutama (Buda), Jesús (de Nazaret), Confucio, Lao-Tsé, Pitágoras, Mahavira, Shankaracharya, Jalaudín Rumí, Ramakrishna, Ramana Maharshi y otros. Ediciones Martínez Roca ha concedido el “Premio Espiritualidad 2003” a esta obra de cierto mérito literario, bien estructurada, y políticamente correcta en cuanto a su contenido.

El criterio de selección está marcado por el irracionalismo religioso o la dimensión “mística” y la lógica diferenciación y hasta oposición a la religión institucional y tradicional del lugar y tiempo de los maestros elegidos. Parte de la igualdad real y esencial de todos o, lo que es lo mismo, del relativismo doctrinal y moral. La confluencia de todos los maestros espirituales forma como “un océano, el sublime de la liberación”, al cual cada uno ha llegado por un itinerario espiritual diferente solo en apariencia. “Cada maestro expone la enseñanza de acuerdo con el lugar, tradición y lenguaje utilizados donde ha nacido, y esta es la razón de que las doctrinas y palabras en lo externo parezcan ser diferentes, pero la esencia y el sabor de libertad suprema es el mismo”.

A veces prevalece esta intención o prejuicio sobre la realidad, aunque para ello se vea obligado a silenciar los rasgos específicos de alguno. Por ejemplo, nunca dice que Jesús es Dios al menos en la creencia de sus seguidores, ni habla de su resurrección entre los muertos ni de sus milagros. No obstante, a veces le atribuye “la condición divina” pero solo como algo adquirido en su evolución iniciática al estilo de Nueva Era cuando afirma: “todos somos dios” y cada uno puede ser “Cristo”.

Hace una relectura de los textos de los grandes maestros -incluidos los Evangelios- desde las religiones orientales, especialmente el hinduismo, pero en clave de Nueva Era. De ahí que lo reduzca todo (la gracia, la caridad, Cristo mismo) a “energía”, identificada con “lo divino”, y a participación de la “consciencia”, presentes en grado diferenciado en todos los seres y en el universo.

Manuel Guerra Gómez

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares