Familia y sistema de bienestar

Víctor Pérez-Díaz, Elisa Chuliá y Berta Álvarez-Miranda

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Visor. Madrid (1998). 184 págs. 1.700 ptas.

Aunque el siglo XX desarrolló el Estado del bienestar, la familia sigue siendo la primera y más sólida red de seguridad social. La experiencia española de la aportación de la familia en cuatro áreas del sistema de bienestar (paro, pensiones, sanidad y educación) es examinada en un estudio obra de tres sociólogos. Los autores señalan que el sistema de bienestar (expresión que empieza a sustituir a la de Estado del bienestar) descansa en cuatro pilares: el Estado protector, las empresas de servicios remunerados, las asociaciones no lucrativas y la familia.

Un campo donde la familia desempeña una función amortiguadora decisiva es el desempleo. Más de la mitad de los parados se benefician del seguro de desempleo. El resto, básicamente, no ha cotizado a la Seguridad Social, ya sea por carecer de trabajo o de contrato, o bien por dedicarse a ocupaciones temporales, insuficientes para poder gozar de ulteriores ayudas del Estado.

En situaciones de este tipo vive uno de cada tres jóvenes (personas activas menores de treinta años). Sin embargo, este gran sector de la población no queda a la intemperie económica gracias al apoyo que recibe de sus familias.

Tres de cada cuatro menores de treinta años conviven con los padres y aseguran mantener una buena relación en el hogar. Los jóvenes tardan en abandonar la casa paterna debido a la falta de trabajo, carestía de la vivienda o simple comodidad. La protección de los padres y otros consanguíneos es también clave en la contratación, ya que la mitad encuentra trabajo por medio de familiares.

Víctor Pérez-Díaz, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense, estudia la importancia de las españolas en funciones sociales tan decisivas como el cuidado de enfermos, la educación de los hijos o la ayuda a los ancianos. En lo que se refiere al cuidado de los padres mayores, sólo el 5% asegura que recibe atención cotidiana de algún hijo varón. Más de dos tercios de los jubilados son atendidos por una mujer de la familia (hija o nuera), su cónyuge o alguna empleada del hogar.

El perfil típico de la persona que cuida a los mayores es el de una mujer de más de cuarenta años, dedicada a labores del hogar y cuidado de los niños, sin otra formación que la primaria. Aunque también hay que incluir a mujeres que abandonaron el mercado laboral para dedicarse a la familia. Este tipo de mujer no encuentra parangón en las actuales jóvenes españolas, con mayor preparación y cultura, y cuyos niveles de incorporación al mercado de trabajo rebasan ampliamente los de sus madres.

Sólo el 3% de los mayores de 65 años vive en residencias; el resto vive, por lo general, con los hijos o cerca de ellos en casa propia. El libro destaca que las necesidades de los ancianos, básicamente, no son de índole económica, sino que requieren asistencia diaria (higiene personal y del hogar, compras, compañía…). Según el estudio, las personas que cuidan de los mayores suelen dedicar más de tres horas al día. Aparte, la mitad de los ancianos se sienten satisfechos, al considerar que siguen integrados social y familiarmente cuando ayudan en el cuidado de los nietos, las labores del hogar y otros menesteres.

La sanidad española cuenta con la familia como pilar básico en el consumo (de pólizas de seguro, atención privada, visitas a especialistas, compra de fármacos) y en la toma de decisiones. Al igual que en el cuidado de los ancianos, la familia es de vital importancia para casi todos los convalecientes. Además, los 500.000 enfermos de Alzheimer son atendidos casi en exclusiva por sus parientes, así como los discapacitados psíquicos y los minusválidos. Otra vez son las madres y esposas quienes se llevan la palma: el 84% de las personas que tratan a este tipo de enfermos responden al patrón de mujer antes establecido para el cuidado de los mayores.

En fin, la familia es en España el proveedor más activo de bienestar social, y, dentro de la familia, la mujer es la piedra angular del sistema.

José Mª Sánchez Galera

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