Errata. El examen de una vida

TÍTULO ORIGINALErrata

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Siruela. Madrid (1998). 218 págs. 2.500 ptas. An Examined Life. Traducción: Catalina Martínez Muñoz.

George Steiner (París, 1924), uno de los más destacados analistas de la cultura contemporánea, es profesor de Literatura Comparada en Cambridge y en la Universidad de Ginebra. Hijo de judíos austriacos, es autor de importantes ensayos de cultura y crítica literaria, entre los que merecen destacarse Tolstoi o Dostoievski (1957), La muerte de la tragedia (1961), Lenguaje y silencio (1967) y Presencias reales (ver servicio 1/92), libro en el que desarrolla un agudo análisis del arte como obra siempre abierta a la trascendencia, tema también de Pasión intacta (1997).

Errata combina varios géneros literarios: algunos capítulos están escritos como un libro de memorias y otros contienen variadas reflexiones ensayísticas. Steiner evoca el papel que en su formación tuvo su padre, quien le inculcó la idea de que “el estudio y el ansia de conocimiento eran los más naturales y definidos ideales”. Esta influencia marca toda su vida: “Educado en una reverencia hipertrófica hacia los clásicos, en una especie de veneración hacia los gigantes del pensamiento, de la música, de la literatura y de las artes, tan característica del judaísmo centroeuropeo emancipado, me sentí comprometido con lo canónico, con lo confirmado y lo inmortal”.

A medida que el libro avanza, los aspectos biográficos pierden fuerza y Steiner reflexiona sobre los aspectos de fondo que conforman su pensamiento. Un capítulo está dedicado a explicar su relación con la música: “Sólo sé que la música es una condición sine qua non de mi existencia. Refuerza lo que creo ser o, más bien, lo que busco en lo trascendente”. Las referencias a la cuestión judía empapan todo el libro, aunque está presente de una manera especial en uno de los capítulos.

Steiner aprovecha cualquier circunstancia para subrayar su interpretación del arte como fusión de la ética y la estética. Esto le lleva a interesantes apreciaciones, no exentas, como otras muchas suyas, de polémica; así, después de destacar la capacidad de fabulación y verbal de Shakespeare, Steiner señala que “en las palabras, en la conducta de los hombres y de las mujeres de Shakespeare, no encontramos una ética coherente, una filosofía adulta y mucho menos una prueba sólida de fe trascendente”.

Adolfo Torrecilla

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