Entender el mundo de hoy

Ricardo Yepes Stork

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Rialp. Madrid (1993). 248 páginas. 1.300 ptas.

Hoy día se pasan por alto temas esenciales para el hombre. La civilización de la inmediatez no permite pararse a pensar en los valores que se pierden o que se adoptan, o en la fiabilidad de la postmodernidad. Se asimilan, en cambio, simples imágenes, falsas verdades mezcladas con las modas. Éste es el mundo con que se encuentran los jóvenes. Un mundo aparentemente egoísta y pragmático, sin esperanzas.

Entender el mundo de hoy es un conjunto de cartas dirigidas a un joven inquieto, en las que Ricardo Yepes analiza, como un observador, la situación de las ideas. Se dirige a la juventud como debe ser: con sinceridad y respeto.

Los temas no son nuevos, son los del hombre: la verdad, el conocimiento, los sentimientos. Ya se sabe que, aunque los temas no cambien, desde los griegos hasta ahora, nunca se miran de igual manera. Y es que -como él mismo dice- “lo que hay de inédito en el mundo lo aporta la persona, la única fuente de novedades auténticas” (p. 100). Esta defensa de la individualidad es uno de los puntos fundamentales del libro y una de las principales carencias de la actualidad. Se ha perdido la confianza en el género humano: de ahí el conflicto entre relativismo y fundamentalismo, y lo más corriente: una especie de indiferencia y contemplación pasiva de los acontecimientos.

El hombre está confuso: los ideales pierden credibilidad en favor de la cultura de la imagen. La destrucción de valores va camino de convertirse en excusa tópica. Y es que la originalidad no existe en las cosas exteriores, sino en los propios orígenes del hombre como persona libre y auténtica. Por eso la verdadera novedad está en la persona, dotada de la autenticidad necesaria para que el cambio de la sociedad sea a mejor: así, el individuo es, a la vez, un inmenso universo propio y un elemento responsable dentro del conjunto.

Lo único capaz de decir y pensar cosas verdaderas, además de novedosas, es la persona. De ahí la gravedad de que la persona quede anulada en una sociedad que recorta por lo bajo para que nada sobresalga, para que nada importante quede en la textura de la vida. Con este pensamiento Ricardo Yepes intenta mostrar a los jóvenes la importancia de la autocrítica y de la personalidad en una civilización saturada de efímeras ideas.

“El mundo es complejo, pero sencillo” es el título de su primera carta. Sus consejos y su visión del mundo evolucionan en una línea no predeterminada, que salta con frecuencia del plano ético al metafísico, indistintamente, a partir, por ejemplo, de frases como ésta, tan simple como significativa: porque también en lo vulgar está la belleza.

El repaso a los clásicos, a las corrientes actuales de pensamiento o a la política es muy general, pero válido. La defensa de la interioridad humana, de la amistad, o de la naturaleza como algo propio del hombre es de lo más acertado del libro, junto con gravísimos problemas que no preocupan tanto, quizá porque no son patológicos, como la soledad o la deshumanización de los sentimientos.

La reflexión de Ricardo Yepes es clara y asequible, siempre manteniendo la postura de la esperanza aunque, por supuesto, muchas cosas del mundo de hoy no le gusten. La validez la pone el tono directo, asombrado, cortante, propio de los jóvenes. La efectividad la deja en manos de sus lectores. Él, con sencillez, muestra las pautas. En definitiva, la necesidad de un reencantamiento del mundo, un volver a encantar la naturaleza tan maltratada y un volver a encontrar la verdad y lo auténtico en el ser, sin más. Confiemos en los jóvenes. No son tan frívolos, seguro que esconden algo precioso tras su silencio.

Rafael Gómez Pérez

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